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4 CUENTOS INFANTILES N IMP. ':' A 1'"

5 Carátu la: Lu is Gélvez SE HIZO EL DEPOSITO LEGAL - DERECHOS RESERVADOS IMPRESO EN COLOMBIA - PRINTED IN COLOMBIA Se terminó de imprimir este libro el 29 de febrerode 19~ fi t' n FDITURIAL ANDES. EDITORA DOSMIL Carrera 39 A No Te!': Bogotá, Colombia.

6 'v JDI itera 5mil~ JOSE FRANCISCO CUERVO TORRES CUENTOS INFANTILES PRIMERA EDICION -- ACCION CULTURAL POPULAR BIBLIOTECA DOSMIL

7 / ( / r,

8 INDICE Presentación o o o o o o o o Págs. 7, Por qué lloran las lechugas o o o o o o o o o o o 9 El río Chorlito o o o o o o o o o o o o o o o o o o o 21 E I árbol más viejo del bosque o La locomotora Rosita o o o o o o o o o 37 o o o o o o o o o o h o ~ El pez Filipín y la sirena Margarita o El muio de Francisco o Chipiquíl i o o o o o o o o o El hada Roscón y el príndpe Mojicón. o o o 63 o 51 I o o

9 /' /, ) :~... '\, \ 1."

10 Presen taci ón La casa de muñecas se fue llenando de sombras' mugre y telarañas. T"mnscurrieron años desde que las niñas habían abandonado el lugar y las encantadoras figuras empolvadas, sucias las pestañas y despéinado el pelo, se mueven ligeramente cuando penetra el viento por las ventanas de la pequáia casa. Pobres muñecas, solas y colgadas de puntillas dejaron de ser el atractivo y juguete de las niñas. Los días van pasando sin lograr que una sonrisa penetre al recinto y mientras tanto reemplazan a las manos queridas e infantiles que acariciaban los cortos cuerpos de muñeca, débiles hilos tejidos por arañas que no saben de juegos. Una atrevida enredadera penetra a la casa por la puerta, obstaculizando con sus ásperas y bruscas raíces el movimiento que la puerta ofrecía, para dejar entmr a las alegres chiquitas. y así, insectos, animales, raíces y plantas se posesionaron del sagrado centro de juegos /Xl ra niños. 7

11 Cuál es el misterio, qué tragedia ocurrió?< <Nadie, < ni paredes ni ventanas, muñecos o juguetes pueden responder. Sólo las lágrimas de un viejo solo, encorvado y achacoso,delatan la pena del haber vivido. Fue su hogar en donde dedicó su vida a sus hijos, quienes como palomas crecieron y formaron sus nidos... y son felices... y también el viejo. La pena que se vive es el pre~ente vital de, los adultos y los sombríos,y quietos recuerdos del anciano. Los cuentos Para niños, cuando son fruto de la mente del adulto, son deliciosos viajes imaginarios en donde vuelve <a < ser niño, abandona su cuerpo y retrocede los años hasta sentirse pequeño. Entonces vuelve a asustarse con las sombras de la soledad, no se atreve a caminar sin sentir la tibia mano de su madre y llora... llora porque los niños lloran mucho y también... por9ue es triste ser mayor. - Perdonen los lectores si estos cuentos llevan en sí la nostalgia de haber dejado de ser niño. EL AUTOR 8

12 Por qué lloran ras lechugas En la Sabana de Bogotá, en una pequeña granja, tiene un campesino sus cultivos. La tierra es buena, muy negra y se deja aflojar con faci I idad. Para hacer su siembra, el campesino toma la garlancha, el azadón y la pica. Remueve la tierra, la empareja y le agrega abono, que sirve para darle mayor fertilidad. 9

13 Algunas veces le pone abono orgánico o estiércol, producido por las vacas y los toros; y otras, el l de gallinas, pues dicen qu.e es el mejor. Sin embargo, hay quienes aconsejan el abono químico por ser más rendidor. El campesino a quien estamos refiriéndonos, civil iza la tierra con la ayuda J. de un buey y un arado. Da. gusto.ver cómo se mueve la tierra y cómo da la vuelta:. Eufragio, que así se llama el agricultor, fue una vez al almacén de la Casa Alegría y compró semi Ilas de apio, de acelgas, de zanahorias, de rábanos, de col iflor y de lechugas. Dividió la tierra en seis cuadros y a cada uno destinó las semill"as que había comprado. Cada día, y al empezar, rociaba sus legumbres y mantenía la gran ilusión I de verlas crecer muy rápido. Los rabanitos, primeros en crecer, de cáscara roja y carne blanca, que nos gusta comer con sal, se sintier:-on muy ufanos: "Fíjate, dijo un rabanito a su vecino, qué pequeñas. y atrasadas se encuentran las amigas de los otros cuadros. Parecen bobas; no saben aprovecharse de la tierra ni del abono". Al llegar la noche, cuando ya todos los campesinos estaban en sus casas, empezó el hablar del viento por medio de su sopl ido; la vigi I ia de la luna, guía de los que se demnran en volver a casa; el ágil movimiento de las aguas del río para arru- 10

14 llar con su ruido a losbebésqueno se quieren dormir y lo que casi nadie sabe: el diálogo de los árboles y las huertas, con fiestas y celebraciones, cantos y bailes, sin que faltaran allí los mal educados que pelean y riñen arrasándose entre sí. _ Pues bien, Eufragio estuvo de malas ya que todas las legumbres resultaron de mal gemioy antíp.áticas. Se diría que los rábanos empezaronlapelea:a medida que crecían, veían a su co~pañeras apenas asomar la cara y ofensivos y altaneros no dejaron una noche sin h.acer burla~. Hasta que el apio, que es más alto, pasó al rábano y lo dejó enjuto y pequeñín. Entonces con sus hojas y con la ayuda del viento, los apios les pegaron a los rábanos y recogiendo malas hierbas los ocultaron en la tierra al rededor de ellos. Qué dolor, qué- empujones y qué endurecimiento de la tierra trajo la hier:ba mala al plantío de.1 s rábanos! Por mucho que trataron de sobrevivi r, su raíz, la que da el apreciado fruto, no pudo lograr un buen producto; cuando vino don Eufragio a recoger I a cosecha de rábanos, enfurecido echó las matas a las vateas, donde comen su buey, su burro y su marrano. Murrieron sin pena ni gloria y humillados pagaron su castigo. Siguió creciendo el apio y junto a él se desarrollaba el tímido coliflor, que _no mostraba su cara 11

15 para evitar las peleas, inspirando, gracias a Dios! mucho respeto por sus' vestidos grandes de hojas verdes, mayores que las del apio. Entre tanto, crecía I a zanahoria, procurando echar muchas hojas, y macollando para que sus compañeras no fueran a molestarlas. Y las acelgas, con sus hojas desparramadas y alegres, hacían fiestas para tratar de mejorar el ambiente de aquel cultivo. 12

16 Una noche de!.una llena, las amigas acelgas resolvieron hacer una fiesta muy elegante. Desde muy temprano encargaron a las mat~s de calabaza, que son las que como enredaderas van de un lado a otro, part que les compraran unas botellas de agua muy pura y harinas de huesos desecados, que j un'to. con cáscaras de huevo constitui rían las viandas de la fiesta. A los curubos gr~ndes, que también son m~mdaderos, les pjdieron que consiguieran unos músicos; y después de dar mucha vuelta, lograron contratar a los hongos para que interpretaran el violín, a las habichuelas y a las alverjas para acompañar como maracas a los vial ines; y los calabazas, que golpeados suavemente por los papayuelos, sonarí,an como tambores. E ra menester solo 'ufla cosa más: un poco de luz, aparte de la que daría la luna, para alumbrar la mesa en donde se colocarían los comestibles, Buscando y rebuscando de un lado aotro, la señora lombri Z, por unos pocos centavos, consiguió a las hermanitas luciérnagas que, di spuestas de cuatro en cuatro, parecían candelabros de cuatro velas. Sonaron las doce de la,noche en el reloj de la iglesia y el milagro nocturno se reahzó de nuevo. Todas,las legumbres empezaron a caminar y las 13

17 del cultivo de don Eufragio se dispusieron para acudir al baile de las acelgas. En fi la llegaron los apios, tan finos y del'gados, que parecían soldados. Las zanahorias, con sus ramas bien peinadas, caminaron suavemente para no maltratar su lindo piececlto. Estas, como es costumbre, se separaron de los apios para no pasar por coquetas y fueron a sentarse junto a las acelgas, que parecían bailarinas. Sus hojas más arr.ugadas y muy paradas las hacían lucí r preciosas. Aparecieron los col iflores, que con sus cabezas blancas parecen artistas, ~nvueltos en sus abrigos de hojas verdes.. Tan sofisticados y buenos mozos atrajeron las miradas, de zanahorias y acelgas, quienes, ofreciéndoles agua y abonos, los tenían muy conquistados. - Solo faltaban por llegar las lechugas. Estas eran las más pequeñitas; y tan redondas y gordas que casi no podían caminar. Cerca de una hora les tomó el viaje al hogar de las acelgas, lugar de la fiesta.. Tímidas y reservadas, aparecieron en los salones, y ninguna mirada recibieronde 10scaballerQs. Todos, apios y coliflores, se disputaban a las zanahorias y a las acelgas. 14 -

18 Cuchicheos de mal gusto-, sonrisas y gestos, era lo único que recibían las hermanitas lechugas. / De pronto la orquesta tocó un vals y saliero!, a bailar apios y zanahorias, coliflores y acelgas, mientras las lechugas seguían sentadas sin disfrutar de la fiesta. Un apio que resbaló, rasgó en la caída el vestido de la lechuga y, avergonzado trató de corregi r el mal, sin darse cuenta de lo irremediable que era. Las hermanas, furiosas, además de lo disgustadas que estaban ya por su fracaso en I a fiesta, golpearon con dureza al apio y aquello se volvió gran pelotera. Los apios, al atacar a las lechugas, provocaron la ira de los gentiles col iflores, que nunca toleran ver a las damas golpeadas por caballeros; y lanzándose contra los apios destrozaban sus hojas. Las zanahori as, enamoradas como estaban de los co I iflores, querían golpear a las lechugas por considerarlas culpables de todo lo acontecido, y las acelgas lloraban sin consuelo, el final inesperado y desagradable de su fiesta. Empezaban ya a sal ir los primeros rayos de sol para dar por terminado el mi lagro de la noche, debiendo regresar zanahorias y col iflores, apios y lechugas a sus huerlos de cultivo, dejando a I as acelgas arreglar el suyo; de repente se presentó algo muy inesperado: los col iflores atendieron a las lechugas y se enamorar"on de ellas; 15

19 16

20 los apios perdieron la pelea y tuvieron que regresar a su tierra, débi les y acongojados, perdiendo la admiración de las acelgas y las zanahorias; y estas últimas, por andar pel eando, despuntaron sus pies, sabiendo que no crecerían más y el fruto no serí bien apreciado. Las pobres acelgas, achi ladas, trasnochadas y viches se convirlieron en legumbre de baja clase y solo las lechugas triunfaron sin verse afectadas mayor cosa. Lentamente fueron regresando en parefas con los coliflores mientras amanecía y quedaron todos en sus puestos y lugares de siempre. Se desperló don Eufragio y conel cantodel gallo y los píos píos de los pajaritos se fue hasta el río para recoger,el agua para rociar sus legumbres. E I burro cargó unos cántaros y los otros los llevó e l buey. El agricultor con empeño empezó el trabajo del día y se sintió muy desalentado al ver sus I egumb res: todas de ma I a ca I i dad. Muchas lágrimas derramó don Eufragio, pues con su huerta esperaba al imentar la fami I ia, negociar en el mercado y vestir a los hijos para vivir decentemente. 17

21 Ahora pasarían varios meses de una mala situación hasta que la tierra pudiera producirle algo mejor y más bueno. Aún no 'había II.egado a la siembra de -lechugas pero ya había golpeado con el azadón las zanahorias y los apios, que parecían los peores,. Otros que irán a al imentar al buey y al burrito, pensaba. 18

22 Qué sorpresa! las lechugas estaban muy lindas, llenas de hojas, cerradas, de las que mejor pagan en el r)1ercado. Por qué, se preg~nta~a Eufragio, puede una misma tierra con los mismos abonos, producir frutos de tan diferente cal idad? Seguro que spn las sem i 11 as que me venden en I a Casa - Alegría. Levantando del suelo una lechuga, don Eufragio admiró su cal idad, al tiempo que observaba cómo iban cayendo gotas de agua. Se llenarían de agua, pensó, con el rocío de la madrugada. Solo las lechugas saben que fue el llanto inconsolable por el sentimiento de culpabilidad que por su impaciencia y mal controlado disgusto provocó semejante revuelo en la noche de fiesta de las acelgas graciosas. Desde aquel-entonces, las lechugas 1I0ralltodas las noches de luna y aún su conciencia las culpa por el mal comportamiento"". Los col iflores pronto aprendieron que de mal comienzo no liaytérmino de buen amor y fueron dejando poco a poco a sus amigas lechugas, incontroladas señoritas que no aprenderían a consol ar a sus esposos en las noches ~e InVierno

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24 ( \. El río Chorli,to Este cuento, niños, es un rel ato acerca de un río muy triste y muy feo. Contrario a lo que todos se imaginan, aquí hablaremos de un río que tenía sus aguas negras; tan negras, tan negras que un Hada Madrina, escogida para que viniera a bautizarlo, bajó del cielo a medianoche para que nadie ~e diera cuenta, y hasta tuvo vergüenza de su ahijado. Al llegar a Colombi~ buscó todos los ríos recién nacidos y fáci Imente encontró el suyo, el de las aguas negras; y para sal ir del paso, buscó un nombre insignificante y lo bautizó así: 21

25 ....c H o R LIT On, Pero antes de continuar,' les contaré cómo s'e formó el primer río del mundo: En la cima de una montaña había una gruta llena de lama y ramas, yerbas y quiches, de aquellas que arrancamos para los pesebres de Navidaa. Dé esa gruta empezaron a sal ir go!as de agua muy pura y entre más gotas salían, más agua se encerraba en el fondo de la gruta, hasta que un día, entre todas las piedras se formó un hueco por donde se pudo escapar y el agua corrió.con mucho impulso y alegría. Así se formó un río y detrás de éste, otros y otros, como el río Chorl ito. Ahora sí, volvamos a- la historia del río Chorlito. La mamá era nada menos que el río Magdalena, aquel. 60 que atraviesa todo nuestro país de sur a norte y que ha tenido mi liones de hij itos, pero ninguno tan feo como este. E I día y el lugar donde nació eran I indos, pero tan pronto volteó la esquina, se puso negro y sucio; y su madre que, como todas las madres, vi gian día y noche a sus bebés, trató por todos los medios de que no se ensuci ara ni- se. botara desde lo alto cm-ias montañas para que sus aguas no se evaporaran y para evitar los peligros que tienen los ríos chiquitos. 22 l

26 Pues bien, Chorl ito debería coger un camino que va por todo el depadamento de Santander, pasando por BarrancabermeJa hast~ llegar a los límites con el 'departamento de Norle de Santander, pero su madre a cada paso tenía que regañarlo por sucio y desobediente. E I día ~ del cumpl eaños de Chorl ito, cuando apenas cumplía su primer año, mamá Magdalena quiso celebrárselo e invitó a muchos ríos pequeñitos como el Cim itarra y el Sogamoso, y a ríos grandes,. amigos de la madre, como el Orinoco y el Atrato. Estában todos listos para empezar la fiesta cuando C~orl ito apareció negro de mugre como siempre. "' - Eres un groserq! No voy a aguantarte más! gritó su mamá; y sacando a Chorl ito de la fiesta, lo dejó llorando detrás de una e~quina, donde nadie lo vio. Mientras tanto, todos los demás ríos se comieron los dulces y las golosinas, jugando también con los sombreros de papel y las bombas que había p'reparado Magdalena\para la fiesta infantil. Este fue, como se ve, el primer triste cumpleaños de Chorl ito. Ahora les voy a relatar que s'licede cuando un río es tímido. -Pues sucede que se vuelve quietecito y casi no tiene corri ente y va ahondando s u cauce, que se 23

27 vuelve muy profundo; pero si el río es ' avispado y no teme a nada, 'se vuelve muy.1 igero y es más abundante su corriente; pero como no profundiza, el sol lo puede secar muy pronto; por ello es más recomendable la precaución y" la timidez, que la ligereza inquieta e-impensada. Todos los hermano~ de Chorl ita -se uni eran con su madre para despreciarlo y humillarlo; y a tal punto negaron, que no quisieron reconocerlo como hermano. Un día vinq el río Amazonas a visitar a Magdalena y le trajo como regalo muchos peces de colores, el juguete preferido de los ríos pequeños. Chorl ita, como castigo, no recibió ninguno. Desde ese día, empezó a dar curvas y curvas, huyendo de todas estas penas y sufrimientos y fue muy grande su sorpresa cuaildo descubrió que todos los árboles, las plantas.y las yerbas se alejaban de su lado, dejándole playas arenosas y estériles, como para que se cansara y no pudiera correr más, porque los ríos y las fuentes mueren cuando no están.acompañados por árboles. Era para Chorl ita su vida un verdadero calvario; cuando calentaba el sol no encontraba un árbol protector que le diera sombra; y si soplaba el viento, movía sus aguas horriblemente, produciéndole los más grandes.dolores de estómago y no ~ 24

28 encontraba ni un tronco ni una rama q.ue le redujeran el dolor. Sus dedos, mientras tanto, se pinchaban con las espinas de los cactos, únicas plantas que se dan en la arena. Tal Nez recuerden ustedes, lectorcitos amigos, que en el campo se pasan más fel ices unas vacaciones, cuando se tiene cerca un río que nos pueda diverlir. Siempre que los ríos se enteran de que.:ios niños van a visitarlos, entonces se preparan orgullosos para la visita: limpian su traje para que el agua parezca cr::istal ina, recogen los rpejores rayos del sol para tibiar sus aguas y f.orman - pequeños pozos con sus brazos, para que los chi cueos aprendan a nadar; y por la noche, luego de las ~isitas de los niños, los ríos se jactan del éxito tenido y de la visita recibida. Chorl ito intentaba mante"nerse limpio y r~zaba por tener algún día al gunos amiguitos que quisieran visitarlo. Pero no,.fiunca los tuvo y eran más motiv'o de vergüenza su soledad y su llanto; y en los diálogos nocturnos," cuando el no Carare hablaba de todas las piedrecitas que ltabía regalado a los niños que lo visitaron y se reía de los chapoteos que los chicos daban en su cáuce, Chorl ito soñaba con mejores días: "Quiero converlirme, decía, en aguas puras con pozos llenos de peces de color es con árboles y alargarme ki lómetros y k i lómetros, 25

29 para.que l11uchos, muchísimos niños puedan jugar en mis aguas. Se cump I iría este sue ño de cho ri ito? Pasaron los días y nunca Chorl ito consiguió na da. Creció, sí, pero muy feo, lento y profundo, de apariencia pel igrosa, sin pieqras ni peces y sin ningún atractivo. Sucedió después que unos,,i ngenieros muy im portantes, con el objeto de visitar la región para encontrar formas de produci r energía o luz, recorrieron los pueblos aledaños a Chorl ito, para seleccionar los de mayor corriente, reufli r sus aguas y lograr así la energía que produce electricidad. Estos doctores recorrieron ríos y ríos tomando diferentes medidas; y finalmente escogieron a un hermanito de Chorl ito, hijo del río Magdalena. Se trataba del río Sogamoso. La mamá creyó que era una fantástica aventura; pero luego se <;:onvenció de la real dad, cuando leyó esta noticia: "EI Sogamoso ha sido escogido por los ingenieros". ",_ Esa noche, mamá Magdalena invitó a todos los ríos del país a una gr.an fiesta. Se comieron del i cias de manjares y confites, pero cuando hizo su aparición el río Chorl ito, causó tanto desprecio, que su madre, olvidando el cariño que debía tener por su 26

30 hijo, se siritió ofendida con la presencia de éste y lo' echó de la fiesta. Nadie volvió a preocuparse de Chorl ito; todo el mundo se entretenía _en las obras que se hi~ieron alrededor de Sogamoso. Sucedió, sin embargo, que $ogamoso 'no volvió a crecer; poco a poco se fue volviendo refunfuñón y amargado. Madre e hijo lo olvidaron y ninguno tuvo para con este una frase de cariño. Cuando supo Chorlito, corrió a buscar al hermano para. unirse a su p~na. Grandes ri sotadas despertó su llegada entre los ingenieros y por ta(jos los medios evitaban su entrada., pues ensuciaría el color del agua de Sogamoso. Un nuevo fracaso; -nuestro río ya grande y profundo seguía incomprendido. Mu~ adentro, en la selva, pasando por Colombia y Brasil, hay un río, el Amazonas, inmensamente grande y muy ~ amiguo. Parece mar, 'pues sus orillas no se ven desde un extremo al otro, y. recorre señor ial toda la se lva. Llell..O de exuberante vegetación y pájaros que cantan, micos que chillan y muchos animales más, ofrece un espectáculo- admirable. Qué respeto y admiración imprime su presencia! por eso algunos lo han llamado el rey de la selva. 27

31 ..l 1 Había en Colombia un río pequeñito, amigo de llevar y traer chismes, como si estos fueran peces. Un día cualquiera se fue hasta el Amazonas y le contó la triste historia de Chorlito. Acto seguido, conmovióse el rey y no permitiendo que se cometieran injusticias, mandó, tr;-aer seis sabios a fin de iniciar un viaje a los predios de Chorl ito e investigar la situación. Esos sabios eran los siguientes: ' TATO, experto en analizar las aguas y quien indicaría cómo utilizar las aguas de Chorl'ito: Por su' excelente sabor: Como deliciosa bebida Por su gran caudal: Para acueducto Por su tremenda corriente: Para navegación acelerada Por su gran -profundidad: Para navegación pesada 1: Por su largo kilometraje: Por su variedadae peces: Por sus partículas 'de oro: Por sus arenas blancas: \ Como medio de transporte Para al imentar a los hombres Como recurso de riqueza Como recurso para la const rucc i ón. 28

32 TITO fue el segundo sabio escogido por el rey de I a selva, experlo en vegetaciones, qui~n debía cono~er las plantas que rodean los ríos ydeterminar la riqueza natural del país en maderas y bosques. TOTO, el tercer sabio, tuerto y manco, de barba poblada, serio y reservado, habíá dedicádo su vida entera a estudiar la variedad de los peces, distinguiéndolos entre pel igrosos para el hombre o nutritivos, que producen fósforo, necesario para el funcionamiento del organismo humano. El cuarto sabio, MITO, era un experto en mineralogía y por eso estudiaba los minerales que contienen los ríos. COPETE fue el,quinto sabio elegido para recorrer la trayectoria del río Chorlito, afinde.orientar a los pueblos por donde este pasaba para que sus pobladores lo uti I izaran como medio de unión de sus mercados. Por último, el rey Amazonas encomendó a la sabiduría de la bella genio ALlTA, que coordinara los programas de los otros sabios y entregara el estudio completo con sus. resultados. TATO, TITO, TOTO, MITO, COPETE Y ALlTA emp~zarían su viaje recibiendo del rey documentos, 29

33 materiales científicos, al imentos y bebidas, drogas y reservas que les permitiera llegar hasta Leticia, ciudad en la cual ibana iniciar Icrbúsqueda de Magdalena, para que los transportara; pero ignoraban que ell a era la mádre de aquel a quien iban a ana-i izar. Tuvieron que esperar dos noches de luna llena para encontrar el oporluno momento en que con -una lancha s-e pudieran lanzar por el famoso río; hacia las 5de la mañana empezaron lanavegación; y mientras los seis sabios iban -subiendo con sus. comentari"os; esperaban que. Magdalena descubriera su misión. Mientras tanto, Chorl ito seguía su vrda triste por los lados del departamento de Santander, con solo u.na inesperada novedad: Un hombre adulto acompañado de su hijo, que venían para Barranca, - se habían perdi do de la ruta y llegaron al pie de él: "iqué río tan sucio!, dijo el papá, y agregó: parece de aguas negras; debemos tener cuidado de acercarnos, par.a evitar asío na posible contaminación".. Chorl ita los mi raba, sabiendo que lament ablemente nunca podría conqui starlos. Padre e hijo habían querido reservar- al mentas de los que llevaban; pero al cumplir cuatro días de perdidos, 3(:)

34 la escasez fue total. Si no encontraban un pueblo ~cino, morirían. Chorlito le consultó- al viento, al aire y a las nubes y 'los tres le propusieron que construyera una pequeña embarcación y los llevara hasta el caserío vecino, único que se había coastruido relativamente cerca de su cauce. \ Chorlito quer"'a conseguir madera para la lancha y no encontró ni un trozo a sus alrededores y Oh sorpresa! se presentó el señor rayo con sus hermanos los tlruenos, y entre todos provocaron una tremenda telmpestad; cortaron árboles, arrancaron ramas y con tantas aguas Iluvi as lograron llevar- hasta Ch (() rl ito el material neéesarjo para formar la embatrcación. Tres días demoró a nuestro pequeño amigo en fabricar una madestísima lanchita que llevó al 'pie de los perdidos para invitarlos a subir. Estos, moribundos,. no viendo otra solución, aceptaron partir de aquel lugar y dejarse guiar por el estre ": cho río. - Con muchos cuidados y atenciones, Chorlito los llevó hasta el caserío cuyos habitantes, asombrados, observaban a los forasteros salvados por las aguas negras. 31

35 Lágrimas de -alegría e~currían por la cara de Chorlito, conmovido por- los agradecimientos de sus amigos y d~ las promesas hechas de anal izar su casa, tán pronto como regresaran a su país. Johl] y Peter, que así se llamaban los perdidos,' miciaron su regreso con el firme propósito de ayudar a Chorl ito. - TATO, TITO, TOTQ, MITO, éopete y ALITA sostuvieron, un diálogo con Magdalena y llegó el momento en qu.e ella se -enfureció: movió fl,jertemente sus aguas y lanzó la embarcación muy lejos de una de sus or:illas. Magdalena creyó que estaban muertos y allí los, dejó, regresando a casa para contar la historia y reir todas a carcajadas. :rato, húmedo, con escalofrío, pesado el cuerpo y hambriento, fue el pri mero en despertarse; y caminando lentamente, comenzó el trabajo de ayu dar a sus compañeros. TITO había sufrido varias heridas en la frente; debía curárselas con sal y limón; TOTO, MITO y COPETE, se preocuparon por ayudar a ALlTA la que más había sufrido en el accidente. 32

36 Con una brújula, descubrieron el norte y el sur, se orientaron hasta el punto en que encontraron a Puerto Berrío, desde donde empezaron a caminar hasta Barrancabermeja para encontrar al río Chorl ita. Entre tanto, John y Peter se encontraban ya en su país; allá oyeron deci r que todos los productos "naturales empezarían a escasear y que debían buscar una materia que si rviera para mezclar aquellos productos a fin de detener" la escasez, que - podría ser de magnitud mundial. Nuestros seis sauios volvieron a necesitar las aguas del "Magdalena; disfrazados de ancianos, embarcaron de nuevo para adelantar camino. Magdalena, sospechosa de sus huéspedes, puso el oído atento a..eualquier comentario y pronto se enteró del engaño. ~ enfurecieron nuevamente sus aguas y con gran velocidad empuja-ron la embarcaci ón hasta muy cerca de Casabe, que es el sitio más cercano a Chorl ita, donde los sabios se recuperaron y poniéndose de nuevo en condiciones de trabajar, con ánimo y vigor, se acercaron cada vez más a la cuna de Chorl ita. Los sabios estaban perplejos junto al río. Nunca antes habían conocido un río de estas características: Muy lento, feo, de mal sabor, demasiado 33

37 joven, recorre solo desiertos, -no tiene peces, ni oro, ni riquezas; la tierra es estéril, sus arenas sucias y duras.. Los sabios descubrieron que allí había fósi les marinos, como sihicieramilesdeañoschorlitohubi"era sido mar. Pensaron también que' n.adie querría vivir allí;" y ALlTA, poco motivada porel paisaje tan feo, complementó el informe, diciendo que debía destruirse ese río. Chorl ito había esperado por muchos años una visita de este género, sin pensar jamás que le ' pudieran practicar una sentencia tan dura; antes de esperar a. que fuera practicada, empezó a recogerse y dejó de correr.. Ló's pocos habitantes del caserío se sorprendieron ante la rapidez con que se secó el río negro. John y Peter, los amigos de Chorlito, de regreso a Colombia, adelantaron la misión de conseguir nuevas materias primas para los prod!jdos de consumo que requiere el hombre en esta nueva era de escasez., Imposible dejar de visitar a su amigo Chorl ito, quien les salvó la vida. Al llegar al lugar del río Chorlito, alcanzaron a ver al amigo seco y mori- 34

38 .. bundo, -recogido 'Como un ancianito, consumido en llanto y preso de dolor. John y Reter escarbaron angustiados buscando medicinas que combatieran la soledad y la pena; y tantos huecos abrieron, que en el mismo fondo del río apareció un hueco y brotó un fuerte chorro negro de_petróleo. Estás salvado, Chorl ito!, gritaron sus amigos,'y puntualizaron: eres el río más rico de la tierra y má~ apreciado; si gue tu cauce, vive fel iz, que nosotros, mientras tanto, alcanzaremos a los sabios. Fue esa la primera vez er la vida que Cnorl ito escuchó frases así. Se recuperó de su malestar, volvió a recorrer todo su cauce y cantando bajó con - sus aguas negras por todas las ti~rras del departamento de Santander. John y Peter en una avioneta volaron hasta el rey de los ríos, y antes de que los sabios llegaran, se dio este Jnforme~ CHORLITO ES LA MARAVILLOSA RIQUEZA NATURAL QUE COLOMBIA NECESITA. Mi les de gentes empezaron a viajar a Santander para conocer a Chorl ito. Sus aguas, que antes eran despreciadas, ahora son embarri ladas y vendidas 35

39 a altos precios; ya no le llaman río de agua~ negras sino "CHORLITO, EL R 10 DE ORO NEGRO". Arboles metál icos, bri Ilantes y muy a'ltos se construyen a su alrededor y cientos de personas trabajan con el propósito de construir allí una gran refinería al rededor del río. Ya no hay soledad: hay fel icidad; trabajadores que éon mucho ánimo explotan la riqueza y per- sonajes de todo el... mundo que, perplejos, lo miran producir solo toda aquella riqueza. Saben ustedes, amigos lectores, para qué si rve el agua del río Chorl ito?. Si miramos nuestros vestidos, esas telas tienen algo de Chorlito, como tampi'én los muebles de la casa, los cuadernos y los libros de la escuela, las comidas y los automóviles, los juguetes y las bicicletas, los abonos y las materias primas ql,le sirven para hacer otros productos. Mientras tanto, Chorl ito, fel iz, nos pica el ojo porque donde quiera que estemos él está con nosotros., '

40 El árb-ol más vieio del bosque Cerca a Bogotá, dentro de la hermosa sabana, había una casa donde habitaban unos muy bu~nos campesinos, toda rodeada de árboles grandes llenos de frondas. Unos eran pinos como arbol itos de na vidad, otros eran sauces llorones y tristes que señalaban el paso del río Bogotá y el río Frío; los eucal iptos grandes, de hojas grises y largas, se sentían muy orgullosos por las eucal iptas de hojas redondas y fina figura; había también nogales de tallo alto, ancho y gris claro con hojas verdes muy esti I izadas, y hasta los elegantes pinos candela bros. A veces se co!ocaban por grupos ofami lias y según se sentían más o menos, molestaban a los otros y eran orgullosos. Cuando esto sucedía, 37

41 San Pedro desde el cielo castigaba a los tontos YI a los bu~nos y humi Ides les mandaba agüita que beber y sol y aquellos se mo.rían de sed y fríp. Entre todos los árboles había uno muy di.stinto que se llamaba El Cerezo y que por no tener famil ia y estar muy viejecito, parecí~ aislado. Además, sufría mucho porque él era el único a quien losniños tiraban de sus ramas, le arrancaban sus hojas y le quitaqan.lascerezas,queellosse comían sin darle siquiera la;; gracias. Este cerezo vivía -' 38

42 , / tan solo que, aunque parezca mentira, sentía cierta alegría cuando veía venir a los niños, a pesar de que sabía lo doloroso que iba a serie la visita. El mátrimonio dueño de la casa y el bosque, vivía de trabajos que rea! izaba en Chía, unas veces en la parroquia, otras en el hospital, otras en el castillo y a veces en las tíncas de gente muy buena. Cuando el dinero ganado durante la semana o el mes no les alcanzaba para comer, iban al depósito de maderas del pueblo y vendían los árboles de su bosqu'e. Con aquella plata completaban sus al i mentos y de nuev_o compraban arbol itos que volverían a crecer y a lucir ~ongarbosus tallos altos y macizos. Cuando cort~b~n el bosque, el jardín y los alrededores de la casa se veían muy mal y solo a medida que crecían y echaban hojas, los nuevos arbolitos empezaba a luci r. Generalmente los coml'radores de árboles no II~vaban menores de dos SJño~, porque la madera no resultába suficientemente madura y buena. A su vez,~ los arboles querían tener siempre dps año~ porque era su más linda edad y cuando más adm i rados se sentían. Lástima que los jóvenes no aprendan de los mayores y sean tan orgullosos! Estos arbol itos, com6 jovencitos inexpertos, despreciaban al cerezo por tener tantos años; y haciendo gestos le mostraban cara de asco por tener su tallo lleno de corteza desprendida y de rugosas ramas.. 39

43 Cuando llegaba el. mes de agosto, el mes de los viento"s, tan añorados por los niños que gustan de echar cometas, y por los viejos, que se encantan con el hermoso ruido que producen los árboles al moverse por el vientó, los jóvenes nogales con un solo sopl ido empezaban a pavonearse elegantemente; las eucal iptas parecían danzar con sus movimientos oscilantes y los pinos, serios y sombríos, guardaban su flemática apariencia. Solo el cerezo no podía moverse, necesitaba.de muchísimo viento para dar al menos un pesado movimiento, sin gracia y sin estilo. - "Pobres de nosotros, los viejos, que perdemos tantas cual idades físicas a través de los años". Así pensaba el cerezo. Las carreteras del campo levantan el polvo que I as cubre, con el pas'o de los automóv i I es y de los humildes coches tirados por caballos; este polvo para en las hojas de los árboles, ocultal1.do el bri 110 y el color que la naturaleza les dio. Por eso, los árboles aman la lluvia, pues cada gota de agua llega a sus ramas y a sus hojas parª-i impiadas y recuperarles su natural bellezaypresentación. Después de llover, los árboles recogían con sus raíces las aguas del cielo, bebiendo con deleite hasta calmar su sed. Pero el árbol más viejo ael 40

44 - bosque, el cerezo; tenía sus raíces tan largas, tan largas, que no ' podía beber con la misma rapidez con que la lluvia corre sobr~ la tierra. No había árbol joven que no se sintiera como estrenando v~sti.do, luego ' de una fuerte lluvia; lodos se jactaban de su elegante y presumida belleza, al igual que un rey estira su cuello para lucirsucorona de oro. Solo el cerezo escondía su cuerpo y sufigura, porq~e no había ocasión que le permitiera lucir sus "nos. Era extraño para los pajaritos que visitaban el bosque, encontrar gotas de agua escurridas sobre las ramas y los tallos del anciano cerezo; y más extraño. cuando las probaban era encontrarles ese sabor salado.. Serían lágrimas?, puede un árbol llorar? existirían árboles tristes? Posiblemente. Aquellas gotas de agua aumentaban cuando los - niños se mecíán por sus ramas. Qué podía importarle a un joven las lágrimas de un viejo? Siendo ' la juventud tan altanera por qué aceptar lahumildad del anciano?.. La inexperiencia del joven es audaz y la experiencia del viejo es cohibida, tímiday miedbsa. Así también er la onducta de lbs árboles del bosque. Por q Ut: S f' Iban a preocupar del cerezo? i mportaban sus lágnmas? su sed? sutri.steza? alguien había preguntado por su vida? Cuando el cerezo f.ue joven hubo también una cereza árbol que le qui - 41

45 so mucho. En ese tiempo sus frut~s ' fueron mas grandes, sus hojas crecían abundantemente y vivía frondoso. Hoy, cual~iera creería que esto nunca sucedió, que son cuentos, que un viejo nunca pudo ser joven y, mucho menos, niño. Entre todas las penas del cerezo había, sin embargo, una satisfacción: sabía comporlarse paravivir seguro y sobrellevar sus problemas. Todas las mañanas, antes de sal ir el sol, el ~erezo rezaba levantando las ramas hacia el cielo y pedía a Dios por los árboles inexperlos, para que controlaran su audacia, fueran cautelosos y conocieran el acecho del mal y los peligros de la naturaleza. El cerezo siguió el, consejo del precioso alca- _ parro, que escondía siempre sus flores ama,ri Ilas entre más I indas fueran; este arboj ito era el que más ' extrañaba desde su parlida. "Nunca muestres tu belleza, ni tu fuerza, ni tu garbo, le había dicho, porque puedes encontrar a alguien mejor que tú y querrá desafiarle y a nosotros los árbol~s nos atacan los nombres cuando somos mejores porque seremos mejor maáera". "Cuídate, cerezo, y vivirás más años", agregó el alcaparro. 42

46 Un bl,len día pidió el señor presidente de la República que todos los ciudadanos de Colombia hicieran esfuerzos por sembrar arbol itos ya que ellos ayudaban a conser:var más puro el ai re y a mantener más I indo el país. El campesino mencionado al comienzo, oyó aquella noticia y haciendo un esfuerzo sacó unos pesitos del" bolsi 110 y compró en el vivero cercano, seis euca I iptos. Uno de estos' resultó ser una eucal ipta muy graciosa y bonita, van.idosa y coqueta; en poco tiempo había lanzado sus ramas en todas direcciones " y con bellas hojas parecía atraer a todos los árboles de aquel bosque, mientras estos, efectivarl1ente atraídos, luchaban por su amor. " El abono de la tierra, cqda raíz y cada árbol, de alguna manera se le acercaban, y las ~guas cantaban cayendo en" procesión hasta formar un I agu i to al rededo r de---e lla. Tenía lo mejor. de aquel trozo de tierra y la naturaleza cad~ día le regalaba fo;:masmás lindas, ramas de carrichosos entornados y fino tallo. Un arrogante euc;1 ipto, enamorado locamente de la eucal ipta, no queriendq..declarar su amor se acercó a esta y le dijo.. -"Cuando tengas edad de casarte, elíge al árbol más vi ejo del bosque y olvídate de mí". pero ella, 43

47 arrogante y necia, hrzo gran burla del cerezo y declaró:, - "Yo solo me casaré con elárbpl más lindo, fuerte y grande de este bosque". Mientras todo aquello ocurría en este lugar, en la flota que. va de Chía a Bogotá, viajaba nuestro querido campesino con un gran señor, para real izar -allí ' I a venta de toda la madera del bosql!e. Le pagarían muchos pesos y compraría entonces nueva ropa, tendría un burro y un carrito de madera para llevarlo al pueblo los d0'tlingos y hacer el mercado y otras compras. ', 44

48 Luego de hacer la compra-venta y recibir los pesos, regresó el campesino acompañado de los señores; estos llevaban las sierras, los serruchos y las hachas para corlar los árboles. El único,en reconocer el pel igro fue el cerezo, que ya.conocía esas malvadas herramientas. Todos los demás arbol itos empezaron a moverse graciosamente para llamar la atención. El cerezo se hizo más achacoso que nunca y todos los demás lo despreciaron cuando oyeron que los hombres exclamaban: HEste no". Luego, una simpática señora que los acompañaba notó a la euca I i pta que danzaba con e Ivi ento y viendo que su tallo aún no servía para madera, pidió sus ramas para un gigantesco florero. Ráp i damente tres muchachos empezaron a arrancarle las r amas dejando su linda figura converlida en el más pobre y moribundo talló. Todos los demás árboles cuchicheando trataban de averiguar qué estaba sucediendo, pero siempre despreciando al árbol más viejo del bosque. Entre llanto y desconsuelo la eucalipta oyó la voz profunda y cansada del cerezo, que le enviaba un I indo mensaje: "Cuando el destino te qui ere, resuelve mandarle experiencias dolorosas para que, existiendo arrepentimiento, se viva una segunda oporluni dad". 45

49 A pesar de su sufrimiento, la eucal ipta captó el mensaje y le devolvió un difíci I movimiento en señal de gratitud. Estaba naciendo una nueva ami stad sobre bases sól idas, porque las fuerzas de unión de los amigos son más sinceras en el dolor. 46

50 Pusieron en actividad las sierras, las hachas y los serruchos y los árboles empezaron a caer. Era ya tarde: la muerte había llegado y no había modo de impedi rlo. Todos los árboles, angustiados, volteaban sus ojos a uno y otro lado para supl i.car un poco de piedad por sus vidas, pero solo encontraban los ojos piadosos del cerezo, que impotentes ante la tragedia, declaraban su incapacidad para defenderlos. La poca fuerza, el mucho desaliento y la gran humildad que había mostrado el éerezo, cuando. llegaron los destructores del bosque, era entonces comprendida por los jóvenes arbol itos sentenciados a muerte. ' Iban cayendo muertos, uno a uno, no sin antes comprender que había sido el árbol más despreciado y repudiado el que los quería sinceramente y quien hubiera podido darles el mejor consejo y el más oportuno.. Al atardecer y con el llegar de las sombras, estaba ya I.a casita acompañada solo del cerezo y la agonizante eucal pta. Qué soledad...!. Cómo se extrañaban el suelo y el agua, el sol y la luna de no encontrar en aquel lugar más que dos árboles de tan diferente edad! Muy pronto vol- 47

51 vió el buen campesino al vivero para traer: nuevos arbol itas, todos muy pequeños y estos fueron creciendo como habían crecido otros. Pero en esta ocaslon, cuando empezaron las canciones de la rebeldía, una eucal ipta, ya repuesta su hermosura, impuso el respeto y la admtración por el árbol más viejo del bosque: relató lo que había visto y vivido y enseñó las huellas del dolor. El cerezo desde entonces fue el consejero de todos y el bosque se convirtió en el más I indo y alegre del mundo. Aun en las peores sequías este 'pedazo de t,i erra recibía g ratas lluvias y ninguno padecía sed. Al llegar el mes de jul io, cientos de mi les de ni ños m j raban asombrados las cerezas de aquel árbol ta'h grande; eran las más bellas de la sabana; pe r o estaban tan altas que era imposible al canzarlas. Solo los ventarrones de agosto permiti eron al cerezo sacudi rse y regalarlas con cariño y por las buenas. Por qué el cerezo había' vu.elto a dar bella co secha?... Porque una noche de luná llena, una eucal ipta vistió de blanco todas sus hojas y acer cando su tallo más a Ita hasta el ciprés cercano a la capilla, pidió que la casara con el árbol más _ viejo del bosque... 48

52 Nuestro amigo ej CERI;ZO nos 9io así una lección para llegar a vivi r muchos años y encontrar a través de estos, motiv.os de goce y regocijo, que entre más escasos son más apreciados. 49

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54 La locomotora Rosita Hace muchos años f en Europa lejana preparaban en una fábrica de locomotoras un pedido de cuatro que habían comprádo los Ferrocarri les Nacionales de Colombia. Cada una se dejaba arreglar, pintar y terminar con mucha alegría; y cuando les pusieron las ruedas empezaron a ensayarse con mucho deseo de correr. Una de I as cuatro resultaba tan vanidosa, que con el ánimo de verse fas ruedas, incl inó tanto ta cara que se le cayó el buitrón, que es algo así como el sombrero de las locomotoras. 51

55 Los expertos en fabricar trenes se fijaron en esta y se divirtieron mucho cuando les pareció que se reía al apretarle algunas tuercas; y siguiendo la fiesta, resolvieron bau~izarla poniéndoleel nombre gracioso de Rosita. Llegó el día en que se terminó el trabajo. La fábrica debía empacar las cuatro locomotoras que viajarían a Colombia. 52

56 Fueron acercando madera y puntillas y poco a poco I as iban encerrando entre cuatro paredes de leña. Rosita sentía, al igual que sus hermanas, tristeza y amargura. La angustia las hacía llorar; solamente las que se quedaban en la fábrica mostraban caras alegres, a pesar de estar muy cerca la hora de las despedidas. Allí seoíanfrases como estas: "Sean fuerles, que este es nuestro destino". No olviden de que deben comer mucho carbón, porque de lo contrario quedarán quietas"... Ojalá que el aceite sea abundante para- que no se oxiden. Encerradas las cuatro hermanas, vino -un gran camión y las llevó hasta el mar donde un barco inmenso las recibió. La travesía era larga; pasarían dos meses hasta llegar a su destino, y estaba previsto que no saldrían de sus cárceles sino al final del viaje. En el mar él calor era sofocante; apenas podían hablar entre ellas con mucha difi'cultad y lamentarse de esos días tan aburridos y duros. Rosita, por estar llorando más de la cuenta, se oxidó en muchas parles de su cuerpo y las ruedas se ponían cada vez más duras. Las otras tres aceptaron con mayor resignación,esta prueba que les presentaba su destino. -53

57 / Una noche, casi a punto de finalizar la travesía, el mar furioso.aumentó la fuerza de sus olas y empezó a mover el barco de un lado a otro, con lo cual consiguió que las cuatro hermanitas se fueran de lado y cayeran sobre las rüedas izquierdas. A Rosita se le zafaron y una de ellas le golpeó duramente I a cabeza. Inconsciente, la locomotora no supo más de su vida hasta llegar a Barranqurt la, puerlo sobre el Océano Atlántico que-daba la bienvenida a las nuevas máquinas. Unos hombres muy altos y musculados, con la ayuda de máquinas, sacaron del barco a las locomotoras y estas de nuevo fueron cargadas ' en camiones, que lastransporlaron hasta Bogotá. Como Bogotá, que es la capital de Colombia, está a metros de altura sobre el nivel del mar, parece que las locomotoras se vieron afectadas por 'la altura. Los primeros énsayos hechos en los Ferrocarriles Nacionales obligaron ~ los técnicos a quejarse' de la calidad de las,locomotoras. "Son muy lentas, comentaban al gunos señores, tienen las ruedas flojas, comen demasiado carbón y no parecen resistentes". Y como si fuera poco, dijo otro, al tiempo que señalaba a Rosita, aquella está en tal mal estado, que debemos reclamar a la fábrica. Rosita se sintió avergonzada; y cón el ánimo de mejorar su impresión, hacía todo lo posible por 54

58 recuperarse. Sin embargo, no podía lograrlo. Los ing~nieros, decepcionados, eséribieron a lafábrica ' y 'pidieron el cambio de Rosita. Rosita, aterrada al saber que podían regresarla a la fábrica, 10 que significaba su destrucción y muerte, hizo tantos esfuerzos que consiguió mover las ruedas, endurecer su cuerpo y recibir con mucha comodidad al maquinisfa quien se sintió muy a gusto sobre el lomo de ella. Qué sorpresa para todos cuando pudo andar por primera ve;z! Por varias semanas estuvo Rosita en recuperación, permanentemente asistida y vigilada por lostécnicos; y aunque resultaba muy costosa su comida y muy bajo el rendimiento, era asombroso ver cómo esta locomotora, que se iba a devolver por mala calidad, hacía gracias y se desarrollaba bien sobre los rieles de tramos para ensayo.. y así, se llegó el día en que a Rosita se le asignó el trayecto: estaba destinada a la líne'a Bogotá Girardot. Tendría que pasar por Fontibón y Facatativá y luego subir hasta?ipacón, para después desl izarse a Anolaima, Cachipay y San Javier, recorriendo los cl imas cál idos de Tocaima y Apulo hasta llegar a Gi rardot. Rosita recorrió la primera vez todo su camino sola, pero la subida la fati~ó,bastante; se llenó de ceniza la cara y el hollln la ensució tanto, que al acercarse al río 55

59 _ Magdalena lo atravesó rápido y saltando para que el agua la refrescara y la limpiara de una vez. Así vinieron otra, otra y otra vez y Rosita tomó vagones y empezó a llevar pasajeros. Se fami I iarizó con sus estaciones y paradas, disfrutando ' muchísimo de ~as visitas de la gente que se acercaba para ver pasar el tren. El chu-cu-chú de este tren transportado por Rosita era el más soñoro; y a la vuelta de cada esquina, antes de llegar a la estación, Rosita se anunciaba con su huhhh, huhhh, para hacer sal ir a todos los vendedores con sus mercancías: frutas, arepas, huevos y al imentos de muchas clases. Los:-pasajeros se aprontaban a comprar y a comer con gusto. Cuando llovía, Rosita se resbalaba sobre la carrilera y producía otros ruidos para alegrar a la gente. Se diría que el tren que llevaba Rosita llegó a converti rse en el más alegre. Qué locomotora tan apropiada para sacar provecho de la vida! Se fijaba mucho en todo: En los _ cambios de vegetación en tierra fría, en los páramos y en tierra cal iente; en cómo es de agradable el olor de los vegetalesquecrecenen la zona cafetera. Y sabiendo Rosita que el café produce buenos dineros a Colombia, se preocupaba por que - los cafetales estuvieran bi en cargados y aprendía a hacer cuentas de cuánto produciría cada región. 56

60 El regreso de Gi rardot -ro inició Rosita con mucho animo, no sin recordar --..!.o dura que resultaba la subida,y la pesada carga que le acomodaban. Lo que nadie ha podido entender es por qué cuando subía los domingos cargada de más vagones y repleta de pasajeros, Rosita lo hacía más alegre y cont&nta, produciendo más uhhh uhhh y más sonoros chus-chu-chus. Cómo quería Rosita a lo,s niños! siempre los saludaba y procuraba ajustar su paso para que todos alcanzaran a v..erla. En ' Io~ pueblos. por donde el tren suele hacer su recorrido, los pequeñitos, al escuchar el ruido, salían a su encuentro y con pañuelos o trapos agitados por sus manos, formaban el más preciado regalo para Rosita: Adiós, adiós, adiós, exclamaban todos y la locomotora agi I izaba su paso, le daba elegancia a sus ruedas y lanzaba un uhhh uhhh de sall,ldo. Nada importaban los ki los o toneladas de exceso que debía cargar el tren los domingos, pues én cambio estaban todas las caras infanti les haciéndole calle de honor a nuestra amiguita. Pero todos los niños debían ir a la escuela y entre semana no podían salir a saludar el tren. Solo algunos desobedientes chiquitines se escapaban de caszl sin hacer las tareas y obl igaban a Rosita a agachar la cab~za - 57

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62 que recibieran un castigo por su desobedien p~ra cia. J _ IPa a cumplir Rosita 23 años de vivir en Colombia, cuando alguien empezó a quejarse de lo desalentada que ella caminaba y lo lenta que resultaba para los pasajeros que viajaban por ese camino en asuntos de negocios. -V se oyó hablar de nuevas tocomotoras que con dos tragos de acei te y sin necesidad de carbón, corrían de un sitio a otro. Estaba llegando el fin de la locomotora de carbón. Los nervios de nuestra amiguita la hicieron más despaciosa. Parecía que sufriera de-reumatismo; se hizo entonces necesario retirarla de la zona. En Anolaima los amiguitos de Rosita empezaron a extrañarla y hasta los 'vendedores de arepas, polios y frutas dejaron de sal ir a la éstación del tren. Mientras tanto, en los Ferrocarri les Naciónalés empezaron a arrumar a todas las viejas locomotoras que ya habían sido reemplazadas por las nuevas, y en un gran potrero las iban echando como si estuviesen muerlas. Entre ellas poco o nada se decí~ñ. y sus ojos fijos en el cielo esperaban un milagro. Pasaron muchos días, muchos meses y muchos años y no llegaba ninguna respuesta del cielo. Los técnicos de los Ferrocarri les encontraban que las 59

63 ruedas, las tuercas y muchas otras piezas de nuestras 'ancianas locomotoras podían servir para el mantenimiento de las loc.omotoras jovencitas y cruelmente desposeían a aquellas. Algunas sentían e~ brutal arranque de sus piernas y pesadamente caían de lado, quedando paralizadas, de por vida. ) Un Viernes Santo, el s eñl>r Presidente ofreció. a los colombi anos un nuevo medio de transporte entre Tunja y Bucaramanga, y una 'nueva carri lera empezó a construirse. Se adaptaron viejos'vagones y cuando estaba todo preparado, tuvieron la idea de comprar locomotoras Diesel muy modernas y pidieron a las fábricas los nuevos precios de estas: Qué horror!, exclamó el Presidente al enterarse de los precios. y agregó: "Nuestro país no puede comprar estas máquinas tan caras; será necesario actuar con rapidez pues debo cumpljr mi prome- sa". Nadie encontraba una r espuesta que alegrara al Presidente, hasta que un técnico anciano, muy experto, recordó I as vi ejas locomotoras de carbón. Rápidamente las recogieron a todas y entre el! as a Rosita. Qué alegría sintieron todas ante el pensamiento de considerarse útiles! 60 -

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65 En pocos días fueron de nuevo encarri ladas y a Tunja viajaron una mañana. Rosita volvió a vivi r sus mejores tiempos. El olor de la vegetación la embriagaba y los paisajes la hicieron renacer. Pasar-On varios días antes de hacer el recorrido, pero pronto los niños escucharon los uhhh uhhh de Rosita y los chu-cu-chu de su tren. ' Salieron a saludarla batiendo sus manecitas y nuestra amiguita vivió de nuevo como si tuviera 15 años. A veces, cuando viajo a San Gil, a,1 comprar mi tiquete le pido al vendedor: por:. favor señor, que me lleve Rosit.a. Fíjese bien

66 I El pez. Filipín y la sirena Margarita Quién iba a pensar que los peces podrían ser los últimos seres en la mente de Dios! Todos los niños $aben que Dios creó el mundo en el máximo grado de perfeéción y que la historia sagrada y el catecismo nos enseñan que tardó siete días y nunca hemos sabido si dentro de los animales unos fueron creados antes que otros. Concebimos a Dios como el principio y fin de todas las cosas; pero se nos enseña que puede ser tan chiquito como para estar al lado de un niño que necesita consuelo y ~ambién puede ser tan 63

67 grande como un papá con graves problemas para _resolver. Si pensamos que Dios es todo amor y - misericordia, pidámo~le permiso para pensar que la creación de los animales se hizo de la siguiente _manera: Todos los ángeles fueron, enaquellaépoca, fuertes trabajadores que contribuyeron a la creación dej mundo; y uno de ellos, muy hábi I para el di- -bujo, pensó que los animales deberían tenel~ cuatro patas, y así dibujó los caballos y ras-vacas, unos de patas más chiquitas, -co'mo los gatos y los conejos, y otros con cuellos I_argos, como los camellos y las jirafas. Y así seguía este ángel dibujando, poniendo o quitando cosas para hacer a cada especie diferente. Poner una cola en la nari z de ün animal parecía muy absurdo; pero, cuando lo llamaron elefante; todo el mundo lo encontró corriente. Ponerles a unos animales manchas en el cuerpo- y a otros pelos muy largos y también plumas y picos y narices, pero cada una diferente de las demás, fue una tarea que requi rió la más-grande imaginación.. Los ángeles menores, admirados de lo que hacía el ángel Filomeno, nombre de este diseñador de animales, le preguntaban a cada rato: y este animal éuál es?... entonces FilomeAo contestaba: No s~ que va a resultar; debenios esperar a cono-. cerio más a fondo para poder darle>-un nombre. 64

68 Uno de los siete días de la creación Dios llamó a Filomeno para que, obedeciendo sus órdenes, fuera colocando todos los animales sobre la tierra; ese mismo día el ángel Ceferino también trajó su tarea, que consistía en entregar todos los árboles y demás vegetales que cubrían la tierra. Ya habían sido colocados el sol y la luna en el espacio para que hubiera día y noche. Al día siguiente, muy temprano, luego de sal ir el sol, los árboles empezaron a secarse, las hojitas a marchitarse y los animal itos a mostrar la lengua seca y el cuerpo fatigado con señales de mucho cansancio. F i lomeno y Ceferino se angustiaron y pensaron que posiblemente no habían hecho a la perfección sus diseños; pero Dios, que ya sabía todo, los mandó llamar y les dijo: "El sol resulta muy fuerte y a todos los vegetales y animales del mundo con sus rayos puede quemar_ Separaremos el agua de la tierra; ese líquido precioso será fundamental para el sustento de los seres hasta ahora creados". Y desde ese día hubo mares y océanos, pozos, lagos y ríos, sabiendo que son aguas de dos sabo res: agua du I ce I a de los rí os y de los mananti-ales yagua salada la de los mares. Cuanpo Filomeno vio todos a-que I los recipientes de agua, inmensos como el mar y pequeños como los pozos, se fue derechito a su oficina con el pro- 65

69 pósito de pintar y diseñar algún animal que pudiera vivi r _ entre el agua. Pero estaba tan cansado y cabizbajo, que solo se le ocurrió pintar un círculo y en el centro le puso un ojo muy grande, con pestañas largas y crespas; y aburrido de que nada le salía, volteó el papel para empezar de nuevo y otro ojo empezó por pintar. Coma ya era de noche, F i lomeno se durmió y hasta el otro día no comenzó la tarea de diseño. Los angelitos retozones se entraron en laoficina de Filomeno y al ver ~obre el papel aquel círculo con ese ojito tan lindó, le pusieron una corona de reina con un cordón y unos vel itos de brazos; y como eran tantos y todos querían dibujar, velos y velos agregaron para formarle una cola; y cuando entró Filomeno le pereció tan simpático, que le pidió a Dios permiso para llamarlo PEZ y darle vida. Los angelitos retozones se reían pues casi no tenía estómago esta figurita y F i lomeno había olvi dado ponerle boca. El ángel Andrés, curioso y sorprendido, le hizo una rayita en la punta y dijo que así ese animal tendría boca; pero, además, era necesario inflarlo un poquito, pues estaba muy plano y achatado. Todos contribuyeron a terminar la creación del pez. 66

70 Qué nombre le pondremos? pensaron todos simultáneamente, y Filomeno sugirió que le llamaran "FILlPIN n Lo bautizaron con agua lo saludaron en nombre de Dios y lo dejaron partir rumbo a la tierra, calculando que el largo viaje le permitiera llegar de noche para que se pudiera ubicar entre las aguas. Conversando Dios con los ángeles, formó las nubes y lanzó un fuerte aguacero en toda la tierra para que esta agua que venía del cielo no produjera temor y les enseñara a todos los seres su uso y sabor; aquella tarde fue tan fel iz en la tierra, a'je los árboles bailaron como también lo hicieron I~ papa y la zanahoria, las rosas y las violetas, las vacas, los perros y los gatos, las jirafas, los camellos y los sapos. Bebieron las señoras raíces y renacieron las ramas y las plantas pero... nuestro chiquito F i I ipín bebió y bebió con su boquita tan pequeña y todavía le hizo falta mucha agua para poder revivir. Nuestro Señor, desde el cielo, conversando con Filomeno, miraba con impaciencia cómo Fili Iptn, a pesar de conocer los beneficios del agua, ~emía lanzarse al mar. Entonces Fi lomeno fabricó un canal en I a arena, que iba desde donde estaba Filipín hasta el mar. Se produjo en seguida una fuerte lluvia, y así pudo entrar el pececito en la inmensa marina. 67

71 Filipín se sintió muy dichoso. En el silencio del mar se oían los saltos que el pez daba de un lado para otro. Ya habían transcurrido muchas semanas desde que Dios creó la tierra, cuando muchas plantas y árboles, curiosos de saber lo que era el mar, arrastraron sus raíces y tallos para acercarse a él y converlirse en algas y yerbas de agua. También lo hicieron las plantas con los ríos y por eso..se cono~ la flor de loto, que vive en el agua, y muchos otros vegetales que adornan el fondo del mar; y el pez Fil ipín, entre más revo- \ loteaba dentro del agua, más suave se le ponía la piel, más transparente y bellos sus velos se volvían; se sentía orgulloso de sí mismo. Cuando se iba el sol en las horas de la tarde, Fi lipín asomaba su cabeza cubierta con aquella bella corona, para conversar con sus vecinos y desde la ori lia veía a la vaca conversando con el toro, la yegua con el caballo, el perrito con su perrita y otras parejas de animales. Por eso Filipín se dio cuenta de que Filomeno no le había creado su pareja y lloró y lloró toda la noche hasta que sus oj itos se hincharon; aquella noche durmió entre unas algas de color verde. En la madrugada del día siguiente, apenas sa I i endo el sol, un loto abrió sus pétalos blancos 68

72 para comenzar el día con buen baño; y no había empezado a cantar cuando llamaron su atención los llantos y lamentos de Filipín: " Qué le acontece, joven pez? puedo hacer algo por usted?". "Di le a Dios que me escuche, pues aquí no puedo vivir. Tan solo entre las aguas del mar mi dicha no puedo comparlir". El loto, muy querido, se deslizó por entre el agua y hasta donde un papi ro llegó y dijo a las raíces que, por favor, ayudaran a Fi I ipín. Papiro con buena voluntad, fue a dar hasta un sauce y le dijo: "Oye sauce, tú que eres tan alto, alcanzarás hasta el cielo? Es necesario, urgente, que Nuestro Señor reciba un recadito". El sauce se río de pensar que el papiro creyera que su altura fuera capaz de llegar hasta el cielo; pero con sentido práctico prometió ir hasta donde el nogal y transmitir el mensaje, así lo hizo el nogal, llevando el mensaje hasta el eucalipto y este último hasta el ciprés, quien por fin, levant~ndo mucho su voz, gritó y gritó para hacer llegar a Dios la razón. de nuestro querido pez; más nada se oyó y el mensaje se quedó en la tierra. Había que volver a pensar en cómo ayudarle a Filipín; un pino seco e inteligente, sugirió que 69

73 a todos los animales se les pidiera que cantaran, gritaran y chillaran, mientras los árboles y las plantas movían todos a una, con gran fuerza, sus ramas y las aguas formarán mucho oleaje; las aves subi rían tanto su vuelo, que con toda esa algarabía quizás podría lograrse que el cielo atendiera. Mientras aquel escándalo se formaba, F i I ipín, desconsolado, seguía viviendo bajo las aguas del mar. Los ángeles corrían y corrían buscando a los querubines y a los arcángeles para avisarles que algo tremendo sucedía en la tierra y que erapreciso informarle al Señor. Por entre las ventanas del cielo todos los habitantes de aquel Santísimo lugar miraban a la tierra esperando que Dios se asomara; de pronto, la Omnipotencia Divina, desde su balcón preguntó: " Qué quiere la naturaleza?" "y todos a una desde la tierra respondieron: "Una compañera para Filipín". El Señor Dios volvió la cabeza, regañó a Fi lomeno por descuidado. y le ordenó que inmediatamente le diseñara la compañera a Filipín.,Filomeno, nervioso, empezo a correr por los pasillos del cielo y llegando a su oficina, sobre un papel en que pintaba una cara de mujer hermo- 70

74 sa, dibujó velos y escamas y mandó aquella figura para que Dios le diera vida y llegara pronto a la tierra. y aquella que al agua llegó, no fue otra cosa que una sirena, destinada a ser la esposa y compañera del acongojado Fi I ipín. Pero, desgraciadamente, la sirena fue a vivir al otro extremo del mar. Una violeta que alcanzó a ver a la sirena cuando caía al mar, se fue a donde los buganvi Ilas y les pidió a todas las plantas rastreras y enredaderas para que, arrastrando sus hojas, lepudierantransmitir a Filipín el mensaje de la I legada de la sirena a quien habían puesto por nombre Margarita. y así de mensaje en mensaje, de voz en voz, de trecho en trecho, se le informó a F i I ipín la llegada de su compañera y este cogió fuerzas y se arregló. y empezó a buscarla con gran empeño. Pasó de un mar a otro luchando contra la corriente. Entre tanto, Margarita se desesperaba de mucho esperar, pues su compañero no llegaba. Ya había preparado lindos tej i dos, había hecho su casa de arena y había alistado salones, cocina, cuarto de ropas y una I inda escalera. Pasan los días y las 71

75 noches y la sirena, muy tri ste, preguntaba: " Debo morirme soltera?". De pronto, un viernes, cuando ya había caído el sol sobre las aguas del mar, Margarita alcanzó a ver unas manchas rojas que gota a gota se iban entrando por la ventana de su casa; y ella, tan ordenada, se puso furiosa al pensar que su casa se le podía ensuciar. Salió corriendo al mary tratando de evitar que las aguas rojas penetraran, se llevó la mejor sorpresa de su vida: Filipín había llegado; pero, Oh! tristeza, moribundo se desangraba y agonizaba sin remedio. "De la tierra traigan, gritaba la sirena afanada, al doctor romero y a I as doctoras yerbabuena y manzani II a y que no falten los enfermeros perejil y toronjil para versi así podemos salvar a mi adorado Filipín". Romero le dio diez de sus ramas, yerbabuena, muchas hojas; y manzani lia, su flor. Mientras los enfermeros le preparaban aguas para beber y don cidrón le, examinaba el corazón, la señora adormidera lopuso a dormir un rato para que descanse tranqui lo esa noche F i I ipín. El sábado, al amanecer, Filipín recobró el sentido y por los cuidados de tantos doctores, enfermeras y consejeros, se puso bien, y apenas observó a Margarita;-se prendó de su belleza. 72

76 Fijaron el día de la boda, formaron entonces un altar bajo una inmensa ola y asistieron a la ceremonia plantas, árboles y flores. Mientras el sol y s us rayos ilum inaban el acto, Margarita y F i 1 ipín se aceptaron mutuamente en matrimonio. Fueron felices los dos y se llenaron de hijos: los peces machos se parecían a fi lipín; y los peces hembras, a Margarita. Un buen día ll egó Filomena, el ángel diseñador, y cayó en la cuenta de que había cometido un error en el diseño, pues 1 as sirenas tienen una bella cara de mujer, entonces, con la autorización de Dios, a todos los peces los convirtió en semejantes a Fi - 1 ipín. Y hoy nos dicen que no, que las sirenas son cuentos, que nunca han existido, per o pregúntenme a mí, antes de haber creído y vuelto a repetir e l cuento que aquí mi lector ha leído

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78 '" El mulo de Francisco En la hacienda de don Jacinto tenían muchos cultivos, árboles frutales y animales domésticos. En la loma, cerca de la alta montaña, se había construido una casa de teja de barro y ventanas de madera, paredes blancas y alrededores con jardines cultivados de flores. Allí había novios, que son matas de hojas verdes y de flores rojas; además, margaritas blancas y amarillas, rosas rojas y hortensias azules. 7!l

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80 En el cerro, muchps pinos daban aroma de bosque que el viento transportaban de un sitio a otro, II egando hasta I a casa para que sus ocupantes la disfrutaran. Entre los animales había perros, gatos, gall i nas, loros, conejos, marranos, caballos y burros. Los niños que visitaban la hacienda gozaban el día consintiendo a los gatos y acariciando los perros_ o algunas veces llevando migas de pan a los pajaritos copetones. Los que habían aprendido a montar a caballo se subían en sus lomos y daban paseos por los campos gtledaños a la finca. Cuando habían galopado mucho dejaban des~ansar al animal, recorriendo el camino a pie; y para real izar ejercicios para el cuerpo, practicaban el trote. ' Pues bien, sucedió que en la hacienda se contrató a un mayordomo que tenía unhijo llamado Francisco, el cual iba a cumpl ir los 6 años. Sus oj itos eran negros y su pelo castaño. Era un niño alegre y amigo de la naturaleza: Al gallinero madrugaba Franciscoparaobservar cómo las gall i nas ponían stls huevos y cacareaban. Luego 'se preocupaba por la comida de los perros: 77

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82 reuniendo trocitos de carne y arroz los al imentaba. A los loros les enseñaba a hablar y les daba pedazos de panel a, procurando a la vez que los cerditos no se ensuciaran más de la cuenta. Francisco, interesado en aprender a montar a caballo, aprovechaba las tardes cuando ya se estaba escondiendo el sol, para saltar al lomo de la yegua llamada "Cereza" y dar una vuelta entre la arboleda de eucal iptus, sin que nadie se diera cuenta. El n!no había visto que los hijos de don Jacinto montaban util izando unas si 11 as de cuero que cargaban sobre el caballo y de las cuales colgaban unos estribos. El niño, que era hábil y muy valiente, se apoyaba en unas piernas pequeñas que hacían f uerza alrededor del caballo y trotaba y galopaba con mucha soltura, manteniendo el ritmo del paso del animal. Alguna vez iba cargando Francisco el balde del gua para los cerdos, cuando vio a Cereza coqueear con Tomás, nombre de un burrito. Chite, 79

83 chite, exclamó, Francisco, tratando de evitar el romance de esos dos. Cereza sal ió corriendo y Tomás fue a recibir su jáquima para traer el mercado. Por qué, si hay tantos caballos, Cereza prefiere a Tomás? Esto se preguntaba el niño sin encontrar respuesta y aparentemente la yegua con sus ojos un poco tristes trataba de expl icarle cada tarde durante el paseo que hacían los dos. Cereza era vieja, la mayor de todos los caballos y yeguas de la finca; comía, pero no engordaba; seguía siempre igual. Su pelo no brillaba como los demás y sus músculos no eran ya tan fuertes y se cansaba con prontitud. I Una tarde, estando los hijos de don Jacinto acompañados de unos amigos del colegio, sal ieron a la carretera formando una animada cabalgata. y cuál no sería su sorpresa cuando, al empezar la caída de la tarde, mientras el sol se ocultaba, Cereza tumbó a uno de los pequeños jinetes y corriendo regresó Cereza a la finca para buscar a Francisco. 80

84 El niño, muy asustado, quiso huir de la yegua; pero no pudo lograrlo. Supl icó entonces al animal que no lo delatara., porque le tenían prohibido cabalgar en los animales de la hacienda. Todos los niños regresaron en grupo y dieron a don Jacinto las quejas sobre el comporlamiento de la yegua. Cerca de cincuenta azotes le descargaron y cayó Cereza, casi herida, entre el heno de su pesebrera. Que nadie se le acerque, pidió don Jacinto, para que ella aprenda a porlarse bien con mis hijos. Hubo entonces que esperar a que llegara la media noche, para que Francisco sin ser notado fuera a atender a su yegüita. Muchas lágrimas derramó el niño sobre el lomo del animal y este a su vez lo miraba con ojos tiernos y tristes. Agua de la fuente, zanahorias y una cobija fueron los únicos remedios que el niño pudo traer; pero lo que más curaba al an imal eran I as -gracias" y "perdones" que Francisco murmuraba entre su llanto y mientras acariciaba a su amiga. Con el pasar de los días fue acentuándose la amistad de los dos y para Cereza no había nada ni nadie 81

85 más importante que Francisco. Hasta cojeando algunas veces y a causa de unpocode reumatismo, Cereza acudía a la cita de las 5 de la tarde con su compañero. Subiendo un día la loma que conduce a la Capillita de Nuestra Señora de la Soledad, niño y yegua resbal aran y cayerqn junto al potrero en donde Tomás pastaba. Inconsciente quedó el niño y muy maltratada la yegua. Ninguno logft> pararse y los dos quedaron como muertos. Nadie había observado el accidente; tan solo Tomás, el burro, notó, ya entre las sombras de la noche, losdosbultos quietos y silenciosos. Se dirigió precavidamente hasta la cerca de alambre de púas que lo separaba de ellos y afanado empezó arel inchar. Mientras aquello ocurría en el campo, los padres de Francisco angustiados lo buscaban de un lugar para otro. Nadie daba razón del niño; parece inút il continuar I a búsqueda. Sus hermanos habían recorrido el campo, los alrededores de la casa, el gallinero y la perrera. El último lugar por revisar sería el río, en aquella curva en donde al pie de los sauces Francisco pasaba horas del día cuando hacía sol. Sin emhargo, nadie había querido mencionar el 82 /

86 lugar, porque el pensar no más que allí hubiera,ido, hacía temblar a todos. En los últimos días la lluvia subió el cauce del río y sus aguas cubrieron la playita a donde Francisco acudía. El papá y la mamá cruzaron sus miradas y los niños observaron esperando instrucciones. De repente, llegó hasta la casa de los mayordomos Esteban, el que cuidaba el gallinero y la c~balleriza. -"Cereza ha desaparecido, exclamó, no hay rastro de ella; se la han robado". Unir a los dos desaparecidossonaba a imposible para los mayordomos, ya que nadie había visto juntos a aquellos. Tomás, el burrito, logró con mucho esfuerzo saltar la cerca y unirse con,los accidentados seres. Con vaho calentaba al niño y con la lengua acari ciaba a Cereza. A ratos dirigía Tomás miradas cariñosas a I a yegua y esta se sentía como estimulada para mejorar. Los-dos animales trataban 83

87 con empeño de revivir al chicuelo y yamuy entrada la madrugada recuperó Francis<::o el conocimiento. Los padres de Francisco, mientras tanto, no podían dormir y varios trabajadores de la finca los acompañaban al tiempo que divagaban sobre varias posibilidades de emprender la búsqueda del niño. Prepararon agua de panela bien cal iente y combatieron el frío con la bebida y con gruesas ruanas. Los hermanitos del niño encomendaron a la I Virgen la aparición del chico. No importaba que a cada Padre. Nuestro iniciado respondieran- con la segunda parle del Ave María, ni que perdieran las cuentas del Rosario,-por el sueño que les cerraba los ojos. Lo que valía era la fe y la buena intención con que los niñds volvían sus ojos a Dios. El gallo empezó a sacudir las alas y elevando su pico al cielo, desde latapiadetierrapisada, entonó su canto y desperló el campo. Los padres de F rancisco, vencidos por el cansancio y el sueño, no oyeron el cantar del ave; los niños se movían entre las cobijas sin levantar los párpados. Antes de las diez de la mañana, ya estaba Tomás 84

88 De regreso a la hacienda, todos acudieron y se alegraron de las buenas noticias; Francisco mostraba con cierto orgullo su yeso y su cojera. De la casa de los mayordomos hasta la pesebrera había un espacio de 500 metros y hasta el potrero donde está el burrito, muchos más. Sin embargo, el niño se dio sus trazas para ir a saludar a Tomás y a Cereza y contarles cómo le había ido. Ellos com- partieron la buena nueva y formaron gran algarabía.. o pastando al egre en su sitio, Cereza recibiendo la avena con todos los demás compañeros de pesebrera y Francisco acercándose lentamente a su casa. Caminaba cojeando de I a pierna derecha; un hueso se le asomaba entre la piel, como desúbicado. Toda la familia se sintió muy contenta al ver al chi ".Ji 110. Eso era lo más importante para ellos. Los padres y el hijo Viajaron al hospital y allí el médico recomendó enyesar al niño y tenerlo quieto por algún tiempo. Con una muleta el niño podrá caminar para no mantenerse totalmente inmóvil y luego de dos meses estará completamente repuesto. ". 85

89 Francisco se propuso ayudar a los dos animales, para que pudieran verse de vez en cuando. Mientras tuvo el yeso Francisco, hacía maniobras para lograrlo y cuando se repuso, volaba todos los días, renovando sus paseos con Cereza, hasta el potrero donde estaba Tomás y conversaban los tres de las novedades del campo, del tiempo y de la hacienda. Pero sucedió que Cereza empezó a sentirse incómoda después de algún tiempo; en efecto, comenzó a engordar mucho ya perder el apetito. Parecía enferma pero al mismo tiempo abrigaba muchas esperanzas y alegrías. Aún no les había contado a Francisco y a Tomás la buena nueva: Iba a tener un "bebé", y ya I e faltaban pocos meses. Una mañana en que enjalmaban a Tomás para Llevar al pueblo unos bultos de cebada de la que estaban cosechando en la hacienda, amarraron el burrito muy cerca de la pesebrera donde estaba Cereza y esta le transmitió la noticia y Tomás recibió la nueva con mucha fel icidad. El niño, que siempre andaba cerca de sus amigos, trató de entender el motivo y sonrió alegre. Cuando a Cereza se le acercaba el día de tener su "bebé", Francisco, Cereza y Tomás se preocu- 86

90 paron mucho porque en otras ocasiones, al casarse,una yegua con un burrito, lacastigabanfuerlemente y la retiraban de la pesebrera; ahogaban al "bebé", y hasta mataban al burro. Francisco, que era nmo, no adverlía el pel igro que se avecinaba y saltaba de gozo, al pensar en lo que iba a suceder. y llegó el momento: a la una de la madrugada Cereza daba vueltas y vueltas acostada sobre su cama de heno; su respiración era muy agitada, su cuerpo tiritaba de frío y Tomás, nerviosamente, producía vaho aceleradamente para calentar un poco el amb i ente. F ranc i sco 11 egó t rayendo una lámpara de gasolina, de aquellas que llevan en el centro una caperuza y una manta grande y gruesa para abrigar a la futura madre. Sin quejas ni lamentaciones Cereza intentó hacer su trabajo para lograr su maternidad y burro y niño estaban alerla para lo que se ofreciera. Llevan ya más de una hora y el bebé no nace aún. La yegüita estaba extenuada, adolorida y con 87

91 los ojos vidriosos trataba de fijarlos en el cielo, en busca de ayuda. La lámpara de gasol ina quemó su caperuza y quedaron a oscuras; Tomasito se afanaba sin consegui r nada, mientras el niño derramaba lentas lágrimas. Era la primera vez que presenciaba el mi lagro de un -naci miento. Si los acompañantes de Cereza hubieran entendido, se habrian dado cuenta de que poco a poco, perdidas las fuerzas de la madre, el pel igro de la muerle era inminente. El animalito que estaba por nacer, enredó sus patas, dificultando el nacimiento; y a las seis y media, cuando el sol iluminaba la pesebrera, en lugar de tres ya eran cuatro. La madre, orgullo- ~ sa, admiraba su "beb~", un mulo oscuro y gracioso, lleno de pelo y con hermosa capul. Tomás, temeroso de ser castigado por encontrarse entre los caballos, abandonó el lugar y rápidamente regresó a su potrero. Francisco hizo creer a sus padres que había dormido toda la noche y trasnochado se incorporó para empezar las labores del día. A I as once de I a mañana estaba Francisco llevando lavazas a los cerdos, cuando Octavio, el 88

92 encargado del aseo de las pesebreras, empezó a gritar: se ha muerto Cereza y un mul ito oscuro se aferra al cuerpo frío de I a madre. Le pareció al niño que su corazón se iba a parar, qui so correr y no pudo, trató de llorar y una opresión en la garganta no lo dejó. Desplomado sobre el prado verde y húmedo por el rocío, miró el suelo y afrontó, como humano que era, aquel dolor. En la pesebrera recogieron a Cereza y se dispusieron a ent~rrarla. Un hueco grande y profundo se abrió en el campo, coincidencialmente en el secreto lugar donde Francisco casó a su yegua con Tomás. Los trabajadores comentaron la sorpresa del mul ito y buscaron con rabia al' padre. Afortunadamente iba a series imposible descubrirlo; y entre los sei s burros que había en la hacienda, cualquiera hubiera podido ser. Octavio y Esteban estaban de acuerdo en opinar que era ventajoso para I a madre mori r luego del parto, ya que el temperamento de don Jacinto no hubiera perdonado su conducta. Repuesto Francisco del impacto del primer momento, se acercó, con sus ojos húmedos y reconocida emoción, hasta su yegüita amiga. La 89

93 abrazó y la besó sobre su cuerpo frío; pero los observadore"s de la escena atribuyeron aquel epi ~ sodio a demasiada emotividad del muchacho. El niño no se quería separar de la yegua y el mul ito guardaba silencio absoluto ante lo inexplicable que era para él lo acontecido. Con mucha dificultad y entre varios hombres cargaron el pesado cuerpo de Cereza, hasta el sitio en donde se ha II aba el hueco para enterrarla. Francisco no quiso almorzar y sus padres lo consolaron, aunque no conocían la profundidad de su pena ni el secreto que el niño guardaba en su corazón. El mul ito había sido olvidado por campesinos y trabajadores. Sin abri r aún los ojos buscaba al imento y no lo encontraba; trataba de pararse, pero lo hacía torpemente. Qué sería de él? Habría que ahogarlo para evitar mayor disgusto con el patrono. La mamá de Francisco empezó a molestarse al ver que su ni ño no encontraba consuelo y no quería superarse emocionalmente. Por fin, el niño le pidió a su madre que le permitiera traer al mul ito a su casa. La petición no era senci Ila, porque el animal pertenecía al patrono y era preciso consultarle. Pasaron los días, hasta que don Jacinto, 90

94 / de regreso a la hacienda, se enteró de lo ocurrido y sin malos genios ni aspavientos accedió a que el niño Francisco fuese dueño y amo del mulito. Ese animal despreciado por su raza, resul~ó ser el más hábi 1, de buen tamaño, más rápido, de paso más agradable y respondió con gran nobleza al mandato de su amo. Durante mucho tiempo don Jacinto y sus hijos hacían burla de Francisco y su mulo, menospreciando al animal y criticando la dicha y orgullo del propietario. / Ya había cumplido "FEITO", nombre que Francisco escogió para su mulo, los dos años y el niño sorprendía a los demás con el galope y la dirección de que era capaz sobre el animal. Al llegar la navidad todos los veraneantes gustaban de parlic ipar en diferentes concursos; había causado gran revuelo el anuncio de una carrera de caballos que se llevaría a cabo el 24de diciembre, a las 9 de la mañana en los.potreros de la hacienda de don José Sandoval. La inscripción por concursante era de 50 pesos, suma que debía entregarse antes de los próximos ocho días. 91

95 El más entusiasta era Francisco, pero no tenía cómo reuni r I a pi ata ni manera de pedi rle a nadie una ayuda. Recogiendo peras y vendiéndolas luego a los veraneantes logró reuni r 6 pesos. Con esto, compró un tarrito de jugo en polvo concentrado y preparó varios frescos que vendió' a los chicos que salían cansados y sedientos de jugar unos partidos de tenis. Poco a poco fue reuniendo y cuando alcanzaba su capital a la suma de 38 pesos, se fuea laferia; y jugando unas monedas en los diferentes juegos de azar, lo que consiguió fue reducir el capital a 32 pesos. Una señora que participaba en el juego se dol ió de ver la cara de desilusión que puso el niño, y como a ella le sobraban unos, dio al niñounbilletedeveinte pesos y le dijo: "No vuel\las a fijar tus esperanzas en juegos de azar, que siempre te darán la espalda". El niño le dio las gracias y consideró como un milagro la actitud de la señora; en seguida se fue corriendo al lugar de las inscripciones e hizo la suya así: Nombre del caballo: Edad FEITO 2 años 92

96 Raza Paso Propietario Jockey Mezclado Trote Francisco Cepeda El mismo Llegó el 24 de diciembre. Todos los chicos habían separado asiento en las tarimas de madera dispuestas alrededor de la pista. Nadie de lafamilia de Francisco asistiría, pues como no podía expl icar el valor de I a inscripción, el niño no les había dicho nada. Iban llegando los muchachos ataviados con elegantes briches y botas y sobre el pecho llevaban camisas de colores con números bordados y con el nombre de I a finca de que procedían. Qué altura de caballos, qué bien peinados y qué monturas! Puro cuero, brillantes y con estribos de cobre relucientes. Qué carcajada soltaron todos cuando Francisco entró con sus pantalones rotos y con alpargatas, montando al mulo, sin montura ni estribos! El niño 93

97 sollozando se acomplejaba al tiempo que sonreí" a las madres que por lástima reprendían a sus hijos por burl arse de él. Al istados todos los caballos en sus puestos de salida, Francisco, con temor, ocupaba el último lugar; y mientras los otros niños golpeaban sus caballos, Francisco con cariño le hablaba así a su mulito: "Acuérdate de Cereza, la yegua más linda que ha existido; ella desde el cielo nos ayudará a triunfar y no te apenes, que ninguno sabe correr como tú. Dieron la largada y. tomó la delantera el caballo blanco qel hijo de -don Jacinto; en segundo iba el alazán; en cuarto lugar venía Feito. Todos azotaban a sus caballos y les daban espuela mientras Francisco, cogido del pelo del mulito,avanzaba siempre gritando; "por Cereza por Cereza-. Todo el mundo seguía la carrera con gran entusiasmo. Señoras con binóculos miraban a lo lejos y nadie se fijaba en el mul ito, que avanzaba y avanzaba. El caballo blanco mantenía su primer lugar y Feito compartía el segundo con el alazán. Faltaban solo 100 metros para terminar la carrera. 94

98 Don Jacinto apostó pesos al ganador y todos los parlicipantes del entusiasmo, subieron el premio al primer puesto para que el vencedor obtuviera otros pesos. Todos hacían cuentas en favor del hijo de don Jacinto; pero repentinamente la fusta que llevaba el jinete del alazán golpeó in- voluntariamente al caballo blanco y el niño cayó al suelo en accidente sin consecuencias. Se disputaban el primer lugar el alazán y Feito, hasta que este venció a sucontendor, por una nariz. Qué llanto, qué felicidad! Hemos ganado! exclamó Francisco, como hablando a su mulito, y abrazó al animal, mientras el resto de los espectadores no salían desu asombro y sorpresa. Un gran banquete de zanahorias para el mul ito, una silla de cuero fina y gualdrapa de pura lana, fueron el regalo de Francisco para su animal, lo mi smo que una pequeña pesebrera al pie del cuarto del niño en donde Feito ya no senti ría frío; y Francisco, por su parle, compró unos briches, botas 95

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100 y camisas, mereciendo entre todos el más absoluto respeto como val iente amo de su lindo "FEITO". El cariño y I a miel pueden, en muy pequeña-s cantidades, lograr lo que no alcanzan cien barri les de v inagre

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102 Chipiquili A la cima del monte Everest llegaron tres aves grandes y de vuelo I argo: el cóndor, el águi la y un extraño buitre. Para alcanzar esa altura, la más grande de la tierra, tuvieron que recorrer ki lómetros y ki lómetros sin parar. Estableceremos aquí, dijo una de esas aves, el palacio más blanco de nieve que existirá jamás y ob liga remos a que todas I as aves de la ti err a vengan a conocer el nuevo reino. Pero antes, debemos formar un gran ejército que vigile y mantenga la guardia de nuestro palacio. 99

103 Pensaron en los flamingos, aves de patas muy largas, llenos de plumaje de color rosado para que mi les de ellos vini eran al lugar. Con señales de humo y antorchas de fuego recibieron el mensaje los flamingos y ufanos,y orgullosos se pre-. pararon para cumpl ir su misión: aprendieron a marchar, a formar un pelotón de acompasado movimiento y ante~ de la fecha de vencimiento, ya las rosadas aves hicieron la primera guardia. Nuevas ideas surgían en el palacio, cuyas paredes de hielo puro parecían de cristal; ya estaban construidos cerca de nidos para las aves reales. De todos los rincones del mundo llegaron muebles lujosos, lámparas de porcelana y cristal y armamento bél i co para los ejércitos que los defendieran en las guerras. Resplandecía aquel palacio, tan bello como frío, y el sol que escasamente alumbra unos pocos minutos cada día, lo hacía relucir mucho más. El cóndor y el águila estaban temerosos de la conducta del buitre, algo sospechosa a ratos. Aún no se definía cuál de los tres ceñiría la corona de "Amo de las Aves". Los ruidos del viento y I as tormentas de nieve producían pánico en las noches; y lo flamingos, no adaptados para vivir en tan bajas temperaturas, 100

104 pidieron al "triunvirato" que les dieran vigilantes nocturnos. Antes de I as doce de I a noche en todo el mundo se oían ruidos de tambores manejados por flamingos, para comunicar a las aves de la tierra los nuevos cargos creados en el reino búhos hicieron sol icitud y tan solo de ojos de color amarillo fueron seleccionados. Desde aquel día el palacio tenía 20 mi I nichos sobre sus costados, desde donde en las noches se vigi laba sigi losamente. Aún no habían contratado a nadie para servl r las comidas y los banquetes. Los pingüinos, habitantes polares y muy conoce dores del lugar, aceptaron servir en el palacio. Se vistieron entonces de smoking elegante yempe zaron sus labores. Los cuervos, sin avi sar, llegaron de cocineros, y desde ese día prepararon manjares finos, postres, torlas y merengues, colombinas, pastelitos y bocados de ellos fueron necesarios. Estaba completo el palacio: habitaciones muy ampl ias, muebles abundantes, ejércitos, armas, vigilantes y cocineros, servidumbre y grandes bodegas. Para servicio de talleres y mantenimiento se trajeron pájaros carpinteros y para al macenar 101

105 los pescados, mil pelícanos formaron fila en el sótano. Empezando I a semana, se efectuó una nueva reunión entre.ios grandes del reino. El águila y el cóndor se quejaron de la falta de pájaros cantores y el buitre insistía en mantener lúgubre el ambiente. No se pusieron de acuerdo y el palacio se volvió triste: los sonidos que emitían los búhos, los cuervos y los flamingos formaron, con los tac, tacs de los pájaros carpinteros, los ruidos más infernales que atrajeron a más buitres, chulos y aves negras. Cuál sería el propósito del buitre? Todo el palacio estaba cubierto por una sombra negra. Por el pasillo de los nidos caminaba cabizbajo el cóndor, cuando la punta del ala derecha del águila le señalaba un oculto pasadizo. Voló el cóndor y allí se encontraron los dos. Si no actuamos de inmediato, dijo el águi la, este hermoso palacio será posesión de los malos y es mejor que todas I as aves participen de esta creación. No consultemos al buitre, dij o el cóndor, y firmemos un edicto, para llamar a las aves de todo el mundo. Así se hizo; 102

106 Los amos y reyes de aves citan a todos los pájaros; preparen todos sus naves con objetos y regalos. No antes del 30 deben en este palacio posar; y si con los hijos pueden, que se acerquen a gozar. Los fl amingos tomaron fel ices las cornetas; y mientras los pájaros carpinteros elevaban las banderas, el cóndor y el águi I a elevaron en la más alta torre I a bandera que II evaba escrito el mensaje del edicto. Los chulos Y los buitres cuchicheaban y esperaban el regreso del buitre noble para conocer su reacción e instrucciones. Los pingüinos y los cuervos revolaban fel ices. A la medianoche, una reuniónsecretaentrechulos y buitres produjo carcajadas y comentarios entre los participantes: Dejemos que lleguen las aves, les cortamos las alas, les destrozamos los picos; de esa manera nada pueden hacer. En todo caso, antes del 30 debemos coronar al buitre como rey. E I cóndor y 'el águi I a agradecieron al buitre por estar de acuerdo con ellos y no sentirse ofendido 103

107 ante el edicto inconsulto. Para premiar su voluntad, le prometieron, después de tres días de prueba, nombrarlo jefe de las fuerzas del reino y del ejército. El buitre fue ejempl ar durante aquellos tres días y con gran ceremonia recibió su quepis de honor, "para el noble manejo de las fuerzas del reino y para velar por la justicia y la paz". Los cuervos prepararon el banquete y los pingüinos sirvieron algo agachados. Los búhos vigilaron a medio ojo y todo el palacio desconfió de aquel jefe. Este es un nombramiento precipitado, opinaban los flamingos. A los pirineos, unos montes muy altos de Francia, llegaron los mensajes que i(lvitaban a las aves a participar el 30 en las fiestas del palacio. Las perd~ces blancas fueron al río, lavaron sus plumas y.decoraron sus huevos con los colores del arco IriS. "Antes de caer la tarde empezaremos la travesía", dijeron. Es preci so llegar hasta Rusia, en Siberi a descansamos, para luego temprano segui r a la China, atravesar la India y llegar al reino de Nepal. Se dice que allí hay unos coches que tienen unas alas grandísimas para llevarnos al palacio que está en la cima del Everest. 104

108 Las golondrinas ya se alejaqan de Norte América, donde empezaba el invierno, y mi Ilones de ellas, se dirigían en grupos a Costa Rica, cuando en el camino encontraron una paloma me'nsajera que les informó de la cita en el palacio. Nosotras no podemos asistir pues todo el mundo sabe que no nos gusta el invierno y aquel palacio es muy frío, hecho de nieve y escarcha. Ensayemos, dijeron algunas, viajando al Monte Mc Kinley, el más alto de Norte América. Si allí podemos estar, seguimos viaje hasta el palacio Real. Se pusieron de acuerdo y empezaron el vuelo. En el Africa ensayaron las mirlas del Monte Taita las más I indas canciones para alegrar las reuniones que se 1I eva ran a cabo. Los periquitos de Austral ia ensayaron, a su vez, los bai les y los cantos regionales. Las palomas de Sumatra, llevando joyas en los picos, acrecentarían el tesoro real. En el palacio, el cóndor había contraído matrimonio con el águi I a y reforzando poderes se declararon reyes y amos de las aves. Plumaje especial formado por mantas reales lucían las dos aves, que alegres esperaban el día de la coronaclon. 105

109 Confirmaciones de visita habían recibido por parte de millones y millones de aves de todo el mundo. Loros, mirlas, ruiseñores, pelícanos, gaviotas, avestruces, chogüies, chorlitos, halcones y guacamayos. Solo los pajaritos gorriones faltaban por contestar. Entre ellos el chipiqui li chiquito japonés, de escasísimo vuelo, lloraba desconsolado. No soy bello ni agraciado, el cielosolo me hizo para comer los insectos que sobran en todas part~s~ y como no soy ave de largo vuelo, no podré viajar. Alondras de Norte América pintaban sus plumas y sobre sus picos colocaban serpentinas, cintas y sedas para adornar con ellas el trono de los reyes el día de la coronación. Sambas, tambores y maracas preparaban los parl anchines brazi leros para rendi r homenaje a sus amos del nuevo reino, mientras a Colombia cóndores fuertes e hidalgos precavidos resolvieron emprender vuelo para ayudar al rey de I as aves del mundo. El llanto de los gorrioncitos iba formando ríos y por ellos viajaban muchos de los pajaritos que deseaban llegar al Everest. En el Japón los chipiqui lis no querían dejar de asistir, pero tenían que estudiar muy bien su recorrido: Son muy débiles y no pueden unirse a los demás gorriones del mundo. 106

110 Buitres y buitres oscurecían el mundo con sus al as y vol ando desde Austral ia y Europa, América y Africa iban llegando hasta el Asia para acompañar al jefe supremo de I as fuerzas. Faltaban ya dos días para la coronación, todos los cuartos del reino estaban listos; las aves-coches en las llanuras de Nepal, recogieron millones de aves elegantísimas que llegaron a aquel lugar y lentamente ascendi eron por el monte Everest hasta llegar a la cima. Los pingüinos corrieron y corrieron para preparar los salones para las visitas y grupos de cada país ensayaron canciones y bai les, danzas de vuelo, movimientos de alas y ojos pícaros y alegres. Sambas del Brasi 1, tangos de Argentina, cumbias de Colombia, joropos Venezolanos. De México las aves llevaron sombreros grandes y con guitarras prepararon unos corridos mexicanos. Pájaros rock y muy gringos llegaron en carros veloces repartiendo a todo el mundo chicles de todos los sabores. Llegarían los gorrioncitos? 107

111 De pronto llegaron las golondrinas, cubiertas con abrigos rusos y ástracanos de br:illo negro las cubrían como zares y entrando a los aposentos empezaron a revolar para entrar en calor. Todo el pafacio reía y gozaba en las celebraciones que se estaban l levando a cabo en él; cuando los periquitos de Austral ia, anunciaroñ su ingreso en pal acio, los fl amingos formaron una escuadra para recibirlos dichosos; hubo entonces honores; cumpi idos y flores para los lindos paj aritos. Por l a India llegaron los gorrioncitos; mi les habían muerlo y mi llares venían heridos, pero su férrea vol untad resuelta seguía adelante. El fuerte sol de la India y el cálido clima secaba sus lágrimas antes de caer a tierra, y no volvieron a formarse ríos. Sus paticas, casi sin uñas, rasgaban el suelo y la tierra, para mantenerse en pie. Risa y lástima daba vertantos mi llares de mi 110- nes de pajaritqs, atacados y perseguidos, enfermos y heridos tratando de acudir a la coronación. En el Japón los chipiquiles trabajaban en el laboratorio para encontrar la manera de llegar al Everest. Las mujeres y los niños habían preparado con cueros y pajas, hojas y flores, mi les de maletines para llevar los regalos. 108

112 Cerca de medianoche, la antevíspera de la coronación, dormían los reyes y descansaba la servidumbre; los mi Ilones de vi sitantes trabajaban en sus espectáculos sin descanso y el sueño vencía a muchos. Una tropa de buitres y chulos invadió el palacio por el ala derecha y recorrieron unos pasillos ocultos llevando ratones muertos para asustar a los pájaros. Ha empezado, pues, el plan del buitre, quien piensa derrocar a los reyes. La sentencia de muerte contra todas las especies de aves ha sido dictada y este será el fin del famoso palacio y del reino de los pájaros. Los malos olores han adormecido muchos pájaros, otros han recibido aletazos de buitres y todo el ejército de flamingos ha sido encarcelado. Los reyes siguen dormidos y I as cosas empeoran. Una golondrina escondida detrás de un armario ha visto cómo adelantan las cosas y los nervios que invaden al buitre, general supremo; movimientos de pico y de cabeza delatan los malos. propósitos. Tomando la golondr ina todos los abrigos rusos de astracán despertó a sus compañeras, las hizo vestir y les expresó la necesidadde incorporarse a I a tropa de chulos, lo que todas hi cieron; 109

113 y mostrándoles las ratas muerlas, las incita a comer abandonando cualqui~r otro propósito. Fue demasiada tentación y por eso todos los chulos cayeron. Las ratas envenenadas redujeron el ejercito del buitre. Las águi las empezaron a volar acompañadas de los flamingos, quienes se negaban a asistir a la coronación desde que supieron del nombramiento del buitre y de los malos tratos para el ejército de flamingos de palacio. Ha llegado la hora del ataque; la justicia vencerá y el culpable será descubierlo. Los gorrioncitos, ya olvidados del mundo, más muertos que vivos llegan a las faldas del Everest sin encontrar manera de subi r y una tormenta qe nieve los cubre completamente. Los chipiqui lis, laboriosos japoneses, inventaron un aeropl ano, el primero del mundo. Fue cargado con 19, millones de hermanos, cada uno con una maleta que contenía un regal ito senci 110. Pasaron vol ando el mar y atravesaron la China, pero los vientos los desviaron hasta Birmania. Aguilas de todo el mundo rodearon el palacio y cuando descubrieron que adentro se preparaba un complot, durmieron a todos los búhos y dejaron sin luz al palacio Qué desconcierlo entre todos - 110

114 causó este nuevo acontecimiento! Mientras tanto, los flamingos prepararon a todos los cuervos, para que, disfrazados de chulos, con las golondrinas confundieran a todos los buitres: las faldas del Everest estaban llenas de ratas. Todos los buitres volaban hasta I as faldas del monte; y descubriendo a los gorrioncitos, los recogieron. Mientras tanto, los flamingos soltaron al ejército encarcelado y las águilas formaron trincheras para atacar a los buitres. Estos soltaron a los gorriones en todas las habitaciones y regresaron al lugar en donde supuestos chulos hacían la guardia. De repente, se produjo un ruido en el cielo; y causó tanto ' estupor que los buitres se sintieron atacados y se asomaron a los balcones del palacio. Entre tanto un aeroplano destartalado golpeaba con sus al as todo lo que encontraba. Los buitres iban cayendo uno tras otro; y cuando solo quedaban unos pocos, el buitre supremo levantó un pañuelo blanco y se entregó a las autoridades. Los chipiqu.ilis ganaron la batalla. En medio de tanta conmoción se despertaron los reyes y las águilas, por su parte, empezaron a fes tejar lo oc.urrido. Entregaron joyas 'í regalos y una preciosa corona de plata. El cóndortambién recibió 111

115 bellos objetos de oro y todas las aves del mundo cantaban y bailaban. Qué precioso espectáculo! Se acercaba la hora de la coronación. Los periquitos habían formado \ con sus alas al rededor del trono, un marco que superaba al arco iris en colorido y bell eza. Los chipiqui lis japoneses, los pájaros más humi 1- des de I a tierra, pero más laboriosos y sinceros, / hacían fi la con sus maletines. E I más pequeño de ellos, el autor del aeropl ano, guardaba si lencio y respeto esperando la coronación. Solo el buitre jefe, agonizaba en la cárcel, arrepentido de su mal proceder. Las águilas, mientras terminaban de arreglar a la reina, le contaron lo sucedido en la noche y ella se acercó luego al cóndor para transmitirle la noticia. y el célebre chipiquili, autor del aeroplano, subió con su maletín acompañado de todos sus hermanos, para ocupar el trono del rey de las aves. Hubo llantos y risas de fel icidad, m ientras se escuchaban también aletazos como aplausos al nuevo rey. 112

116 Cuando levantaron el vuelo los pericos para elevar la corona y antes de colocarla sobre la diminuta cabeza, de los maletines salían notas de diferentes colores y dejaban escuchar lo siguiente: Pueden más el genio y la razón que las plumas, ' la belleza y la pasión

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118 El hada Roscón y el príncipe Moiicón Sebastián, el panadero, tenía su hogar muy bonito : su mujer, doña Rosita, lehabíadadotres hijos muy buenos; dos que iban a la escuela y el pequeñito, Martín, que daba vueltas por la casa, ayudando en el oficio a su papá. Mientras mamá hacía el almuerzo, Martín les buscaba el porqué a muchas cosas, y cuando obtenía las respuestas, se iba a donde Sebastián par a mirarle amas~r. 115

119 '#1 Martín, siempre admirado, se concentraba en el horneado: Cómo un poco de harina con agua, huevo y levadura se elevaba, hinchaba, se engordaba y cambiaba de color. Y cuando la brillaban1y agregaban azúcares desparramados, Martín empezaba a bostezar; y mirando a los t rabaj adores, esperaba que sus ojitos conquistaran la voluntad de aquellos para que le regalaran un mojicón. Al principio, Martín se comía todos los panes, bizcochos, roscones y mojicones que le quisieran regalar; pero a medida que más conocía este trabajo, más admiraba los panes, más cariño les toma- 116

120 ba, y así losfue convirliendo en losamigos y compañeros de su vida infantil. E I bueno de Sebastián veía con mucho agrado que Martín fuera tomando afición por su oficio y en las noches de desvelo le decía a su mujer: "Quiero que Marlincito aprenda muy bien el trabajo para que, luego de terminar la escuela, pueda tener su propia panadería y sea como yo". Sebastián se sentía orgulloso de su vida, de su mujer, de su casita ydesushijos. Los dos que' iban a la escuela estudiaban la geografía" la aritmética y otras materias, y cuando volvían a casa comentaban "tantas alturas", que doña Rosita decía: "Van a ser imporlantes". A las cuatro se comenzaba a trabajar para que los panecitos, bien frescos, pudieran estar en las vitrinas másomenosa las seis o a las siete cuando la gente venía a comprar. Cuando Sebastián se levantaba, todo estaba oscuro y tranquilo y, sin hacer ruido, se ponía su blusa blanca, un gorro. muy limpio en la cabeza y los calzones de diario. Abría el candado que cerraba la puerta del cuarto de la harina y cogiendo un gran bulto, se lo llevaba a la panadería. Allí se ocupaba en batir, estirar y aplanar la masa que generosamente le daba el dinero para comprar los vestidos, libros y juguetes, más otros menesteres de ese hogar tan gracioso. 11'(

121 Martín, cuando tenía cuatro años, le pidió al Niño - Dios que le trajera un di sfraz de panadero y muy pronto obtuvo ese regalo. Desde entonces empezaron, pues, a trabajar Sebastián y Martín. Cuando el papá terminaba la tanda de sesenta panecitos, Martín los iba colocando en una I ata engrasada. Una mañana sacó Martín los roscones que estaban listos y fue colocándolos cuidadosamente en la vitrina. Entonces pensaba: qué I indos! Parecen unos reyes. Qué dirían si pudieran hablar?

122 y asombrado Martincit oyó una vo? que le dijo: "Guárdame entre tu blusa y Ilévame a un escondite, y yo, que ya soy grandote, te contaré de la vida". Martín cogió el roscón y lo llevó a una esquina; y lo dejó muy bien escondido en una caj ita de cartón. "Ahorita vuelvo", le dijo, y agregó: no quiero que se note que faltas tú, esta mañana". Martín continuó su labor ayudando en lo que pudo; y cuando fueron I as diez, se fue a su esquina, abrió su caja de cartón y allí el roscón comenzó a decirle: Estoy pensando, Martín, que yo antes era muy alegre., cuando podía' jugar con mis compañeritos; pero mi Dios me llamó para que fuera importante y a puros golpes me formaron hasta converti rme en roscón. Pero ahora que ya estoy 1 isto, tengo miedo de la vida, pues de pronto ella me reclama como una golosina y de un solo mordisco, me maten y me dejen sin vida. ' y qué quieres que haga.yo? le preguntó Martín con tristeza. Después de mirar fijamente al rosconcito, Martín le dijo; "Pues yo soy hijo del jefe, dueño ce tu vida y de la mía'". 119

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124 "Que me tengas guardadito hasta que yo te lo diga". Todos los días Martín iba al rincón y oí a hablar al rosconcito con mucho interés y con mucha alegría. En ocasiones recibía consejos como estos; "nunca seas perezoso, que eso es aplazar lo que debes hacer ahora con cal ma para, en un tiempo peor, corrafanes y con lágrimas, hacerlo con gran descuido". "Quiere mucho tu infancia, cuando todo te regalan ynotienesobligac.ión, pues ser grande es peligroso y requiere voluntad y devoción n Un domingo, hacia las ocho, todos se fueron a misa, pero Martín se quedó y 11 evó un moj icón a la caj ita en que estaba su amigo. Gracias, Martín, le dijo el roscón y agregó, muy sonriente: Veo que tú has pensado en que yo me encontraba muy solo y muy triste. Ahora con mojicón compañero, podré yo más fáci I esperar tu visita. Estuvieron muy felices y el roscón les contó que por una equivocación la gente creía que era hombre cuando lo cierto era que Dios lo había creado para ser señora y buena compañera del pan y del mojicón". Entonces dijo Martín: "Yo los debo casar". 121

125 y haciendo la Santa.Cruz, les bendijo su hogar. Martín les llevó después una cajita más limpia y más nueva para que allí vivieran mejor, le pusieron cintas, velos, granos de azúcar y harina y la llamaron palacio, y entre ese cajón vivieron el hada y el príncipe panes. Martín, que por entonces ya tenía seis años, iba a la escuela y la maestra se sorprendía de los sabios consejos que a los niños daba. Aprendió a leer primero que los demás, a escribir muy rápido y así escribió cuando pudo: En un palacio de azúcar viven el hada y el príncipe cerca de aquel pasan ríos en que abundan las guayabas, como abunda en altamar la deliciosa frambuesa. Solo un amigo los cuida; él los quiere y los conserva para que no sean comida de gente de ma I a hierba. Aunque con mucha razón se rieron de los versitos la maestra y los chicuelos, ella le cal ificó un cinco. Era el mejor de la clase. Los niños de toda la escuel a apreciaban a Martincito y se sentían orgullosos de ser sus ami gos. 122

126 Marlincito nunc.a se porló mal en la escuela. Con frecuencia reparlía entre sus compañeros los dulces que le daba doña Rosa. Todo esto hacía que don Sebastián se sintiera más orgulloso de su hijo. Cuando llegó el fin de año y el cierre del año escolar, Marlín recibió el primer premio por un cuento que narró en verso, de la siguiente manera: Hay en el mundo un hada Que" amamos "don roscón" y nunca está separada, del príncipe "mojicón". Tienen los dos un amigo que poco o nada les da, y a cambio de buen abrigo lo preparan de verdad. Ya de él están haciendo, un gallardo muy formal, esperando con acierto converli rlo en celestial. Si quieren bajar la luna estos reyes lo podrán pues son encantos de Dios transformaditos en pan.. En la noche, don Sebastián y Rosita celebraron felices el grado de bachiller de la hija mayor yel puesto honorífico, muy merecido de Martín, como el mejor al umno de I a escuela. Recibió una medalla 123

127 que tenía una cinta con los colores de la bandera colombiana; en una cara se veía una cruz y en la otra se leía: "Honor al mérito". Mientras toda la familia celebraba el triunfo de la joven, Marlín llevó su medalla hasta el sitio que él había converlido en un palacio de azúcar; colgó en una de sus pa redes I a meda 11 a y después de besar a sus amigos, regresó corriendo a la fiesta para que no notaran su ausencia. "EI hada roscón y el príncipe mojicón" celebraron sol itos el éxito de Martín y todos los granitos de azúcar de sus hombros bri liaron esa noche como si fueran di é:lmantes. A la mañana siguiente, doña Rosita se levantó a preparar desayunos y a arregl ar I a casa, que había quedado desordenada, como quedan siempre las casas después de,una fiesta; cuando a las diez todos se habían levantado y comentaban alegres el éxito y las experiencias del díaanterior, hasta que extrañaron al más madrugador del hogar, a Martín, que no estaba por ahí. Seguro quesepaseapor la panadería, pensaron, y fueron a buscarlo; al cabo de un rato se dirigieron a su cuarto y con asombro lo hall aron en I a cama. No estaba dormido; sus oj itos estaban idos; su cuerpito frío, 'el rostro muypál ido y vestido de blanco; en cada una de sus manitas le encontraron una miguita de pan. Martín sehabía ido al cielo esa noche; en su boca tenía la más linda 124

128 sonrisa; se coiwirtió, como él había escrito, en algo celestial; era un ángel. Don Sebastián no encontraba consuelo, perdió. su mejor hijo y adorado compañero. No había rincón en la panadería que no recordara como algo que era parte de Martín y seguía trabajando, salando la masa con sus lágrimo:> yue escurrían por sus mejillas de anciano. De repente vio en un rincón una caj ita de cartón arrugada y llevado por la curiosidad se acercó. Estaba 11 ena de papeles con muchas tareas de Martín y en una de sus caras col gaba la medalla que el ni ño había recibido en la escuel a; all ado, en letra menudita se podían leer estos versos: Esta caja fue un palacio que un niño a reyes dio; sitio de mayor espacio que de amor se al imentó. Un hada y un príncipe hicieron de su pro~ector un ~ngel y sus acciones se vieron con satisfacción por Dios. Buscándole en recompensa la mayor felicidad, lo apartaron de este mundo que enseña tanta maldad. 125

129 ea.d.taríal anc1!5

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131 LA POTENCIA DEL PUEBLO COLOMBIANO radie 5utaten a Bogotá: 810 khz Medellín: 590 khz Cali: 700 khz Magangué: 960 khz Barranquilla: 1010 k z l